miércoles, julio 1

Zuliana que regresó de La Guaira: «Le dije, Señor, no quiero nada material, quiero es mi familia completa»

La vida de una mujer se mide a menudo por los paisajes que habita y los que se ve obligada a dejar atrás. Para una maracucha de nacimiento, La Guaira no fue solo un destino de paso, sino el escenario donde construyó su identidad adulta durante más de dos décadas. A los 17 años, impulsada por el amor y la aventura de acompañar a su entonces pareja a un curso de escolta, cambió el calor húmedo del Zulia por la brisa salina del litoral central.

Karen Labrador, entre el azul del Caribe y la imponencia del Ávila, vio crecer a sus cuatro hijos, consolidó un nuevo hogar y aprendió a amar una tierra que, aunque ajena en origen, se convirtió en su refugio. Sin embargo, la reciente catástrofe que devastó gran parte de la infraestructura costera marcó un punto de no retorno, obligándola a regresar a Maracaibo con la nostalgia de quien sabe que su hogar, tal como lo conocía, dejó de existir.

En un día normal como ella misma lo describe, que se encontraba compartiendo junto a su familia ocurrió en una fracción de segundo los dos terremotos, mi hija salió del cuarto con un mensaje telefónico que nos heló la sangre: «mamá, viene un terremoto». Lo que siguió fue una película de terror.

La estructura de la casa comenzó a ondularse como si fuera gelatina, lanzándonos de pared a pared mientras intentábamos desesperadamente alcanzar la salida, dijo que la puerta se bloqueó por el movimiento telúrico, se convirtió en nuestra mayor enemiga mientras bajábamos los escalones, sintiendo cómo el suelo perdía su firmeza bajo nuestros pies. Al lograr salir, la escena era dantesca, los vehículos en la calle se movían solos, balanceándose violentamente hacia adelante y hacia atrás.

Aterrados por la posibilidad de réplicas, tomaron la decisión inmediata de abandonar la zona de desastre, desde la distancia, observábamos con impotencia cómo las noticias confirmaban la magnitud de la destrucción, con edificios colapsando y explosiones que iluminaban el horizonte de lo que alguna vez fue nuestro hogar.

«Fue algo impresionante. Entonces de ahí nos fuimos a un plan (terreno plano) porque teníamos miedo que fuera otra vez réplica, ahí dormimos, en ese plan y de ahí veíamos, cómo todo se explotaba, cómo estaba caído, edificios cayéndose, eso era como estilo película de terror, así nosotros pasamos la noche junto a otros vecinos«, explicaba solloza.

Labrador se encuentra de vuelta en Maracaibo, su tierra natal, reconociendo que, a pesar de su amor por el litoral, la seguridad y la reconstrucción de su vida familiar tomaron prioridad sobre el deseo de retornar a un lugar que ya no reconoce como el hogar que fue.

«Dios me dio la oportunidad de una segunda vida. Tengo muchos amigos que murieron, tengo personas que yo decía son parte de mi familia, porque tengo tantos años allá, hay vecinos, que son parte de nuestra familia, porque tú convives más con los vecinos, yo allá era sola, mis hijos y mi persona no tenía como quien dice más familia de sangre, pero desde que yo llegué La Guaira, yo empecé a hacer amistades, hasta de llegarles a decir no tengo nada que comer aquí está mira, Karen, necesito un favor de ti, ahí estoy un hospital ahí estoy o sea, la familia de uno prácticamente», señaló.

Ella describe su corazón como una balanza entre la melancolía por los que ya no están y la alegría inmensa de tener a sus cuatro hijos, a su pareja y a su yerno a salvo. Para Labrador, este nuevo comienzo no se trata de recuperar lo material, sino de honrar la oportunidad de vida que, según su convicción, le fue otorgada por Dios que le dio una nueva oportunidad de vivir. «Gracias por mi vida así nos quedamos sin nada en ese momento. Yo no pensaba en lo material, yo le dije, Señor. No quiero material, quiero es mi familia completa».

Mientras conversa con el equipo de Foco Informativo, reflexiona sobre su situación actual, compara su presente con sus inicios a los 18 años, cuando llegó a la ciudad de La Guaira sin nada, durmiendo en el suelo de una habitación alquilada. A pesar de la dureza de aquel entonces, destaca como la perseverancia y la ayuda de personas bondadosas le permitieron salir adelante. «Lo primero es darle gracias a Dios que volvimos a vivir y seguir hacia adelante, porque hay que vivir el día como si fuera el último, dándonos amor unos con otros«, instó a los afectados a no perder la esperanza ante las dificultades económicas y las necesidades inmediatas.

El miedo la hizo huir de La Guaira

El 25 de junio de 2026, tras el devastador evento sísmico que afectó la infraestructura de La Guaira, Karen Labrador emprendió junto a su familia un angustiante viaje hacia Maracaibo, compuesta por siete personas y su mascota. El trayecto estuvo marcado por el miedo constante al estado de las vías, especialmente al atravesar los túneles y puentes de la autopista, donde la percepción de una caída de 50 metros generaba una tensión extrema. Con el vehículo presentando fallas mecánicas, como la vibración constante del volante, pero mantuvo la concentración absoluta en la carretera, confiando en la protección divina para superar los tramos hasta llegar al terminal de La Bandera, consciente de que el automóvil apenas resistiría el recorrido.

«Cuando nosotros llegamos al terminal, subimos, nos anotaron a todos los pasajes, nada más faltaba hacer el pago móvil y tembló de nuevo, yo agarré a mi hija, entré en una crisis y corrimos, sin parar hasta llegar en planta baja, desde último piso del terminal yo las agarré por la manos y le dije vámonos, salté baranda, saltamos baranda, hasta llegar abajo, hacíamos como zigzag hasta llegar abajo. Mi hija dice mamá o sea, ya tenemos el pasaje, nos tenemos que ir, déjame subir a pagar y luego de una hora cuando todo se calmó salimos a Maracaibo«.

Rituales en La Guaira

Según el relato compartido, su hijo fue testigo presencial de rituales en los que señaló que al ritmo de tambores los presentes realizaban cánticos invocando la lluvia, y luego pedían que temblara la tierra, los cuales parecían sincronizarse con los fenómenos meteorológicos. Labrador sostiene que, durante los momentos críticos del sismo, circularon diversos reportes en redes sociales que vinculaban estas prácticas espirituales con la actividad telúrica, lo que ella interpreta como una manifestación de idolatría que no comparte, aunque respeta las creencias de las otras personas,

Señaló que su propósito al compartir esta vivencia no es juzgar a quienes practican estas tradiciones, sino ofrecer un testimonio de transformación personal tras haber encontrado lo que ella describe como un «Cristo vivo» que ha restaurado a su familia. 

«La verdad que en La Guaira había mucha idolatría, muchos santeros, muchísimos y bueno, nos juzgo esa gente porque Dios a mí me sacó de ahí, no estoy aquí para juzgarlo, estoy aquí para decirlo, hoy en día, he conocido un Cristo vivo, un Cristo que sana, que salva. que restaura, que he visto, los milagros, que una vez he como en incrédulo, decía, tengo que ver para creer bueno, yo Karen labrador, he visto los milagros que Dios ha hecho en mi vida, hasta ahora aún tuvo misericordia que mi familia está completa, es el tiempo de buscar de él y de aferrarse«, dijo.

Aún pasando esta situación hace un llamado a la resiliencia, instando a los afectados a buscar consuelo en la espiritualidad y en la unión de los vecinos. «Lo único que puedo decir es pedirle al Señor que les dé fortaleza, porque todavía hay mucha gente en La Guaira que perdió a sus familiares; es el momento de aferrarnos a Dios, congregarnos y llenarnos de su presencia», expresó conmovida.

Por Lizaura Noriega/Fotos: Herminio Bejarano