Judith, una bombera que no descansó hasta encontrar los restos de su hermano en La Guaira
Judith Ramos recoge, en lo más alto de las placas de concreto, la cadena de su hermano. Aún conserva, entre el polvo y el olor ácido que propaga la brisa, un leve perfume que identifica como suyo. Dice que no se la quitaba nunca, mientras la guarda junto al morral que le regaló y los libros que recuperó de los escombros en una bolsita.
Sentada en lo que pudo ser el techo del apartamento, rememora la rutina de Israel. Estaba a punto de cumplir 35 años, llegaba del trabajo a las 5:00 p. m., aunque su último delivery en Farmatodo lo atrasó el 24 de junio. Subía a su departamento, se bañaba e iba religiosamente a las 6:00 p. m. al gimnasio. A unos metros, identifica unos zapatos blancos como los que usaba para entrenar entre la tierra. Hace un dibujo mental y señala a los rescatistas volunt...

