Calles intransitables y la presencia de aguas negras son los problemas que afectan a la comunidad del sector Raúl Leoni, quienes desesperados hacen un llamado a los entes gubernamentales para buscar soluciones, ya que afirman estar cansados de ser ignorados y necesitan respuestas a sus solicitudes.
Hace 25 años fue la última vez que asfaltaron, con el transcurrir del tiempo se ha deteriorado de tal forma que varias calles están dañadas en su totalidad. Entre las afectadas se encuentra la número 70, 72, 73 y 74.
“Tengo una tía discapacitada y solo cuento con una silla de ruedas para movilizarla, y como pueden ver es muy difícil al momento de trasladarla (…) Además soy una mujer emprendedora y cuento con un negocio de comida rápida. Mis clientes no pueden llegar hasta el sitio por las condiciones en las que se encuentra la calle”, afirmó a Foco Informativo Carla Briceño, quien vive en la calle 70 del reseñado sector, el cual se ubica en la parroquia Venancio Pulgar, al oeste de Maracaibo.
“Hacemos el llamado a los entes gubernamentales, nacionales y municipales, que por favor nos apoyen y nos ayuden a solventar la problemática”, añadió Briceño.
Agregaron que la falta de asfaltado representa un peligro para la seguridad de los vecinos, pero sobre todo las personas de la tercera edad porque pueden ser víctimas de caídas mortales.
“Cuando llueve esto parece un río, hay demasiadas personas con discapacidad, yo tengo un hijo con retardo mental moderado y al momento de enfermarse es peor el problema, porque aquí no hay transporte, no pasan carros, el que tiene carro piensa veinte veces para poder entrar, es insoportable”, dijo Angela Quintero.
Las aguas negras agravan más el problema vial
Asimismo, el bote de aguas negras empeora el problema de la vialidad porque «está acabando con las calles que están regulares y dejando peor las que ya están en muy mal estado”.
Jonny Villalobos, uno de los perjudicados por las aguas contaminadas que corren por la calle 69, expresó que el problema inició la primera semana de diciembre, “por motivo de una mala reparación en la avenida 91, que abarca desde la Rotaria hasta el Inca; esa tubería de aguas negras estaba totalmente tapada, entonces a raíz de eso, las aguas como no pueden circular, ellas llegan y se desbordan por dentro de las casas y desembocan en la calle 69″.
El problema surgió hace aproximadamente año y medio, pero la Alcaldía y ahora la Gobernación lo solucionaron (aunque no han terminado la obra) pero surgió de nuevo y ya no los han vuelto a ver. Aseguran que nadie del gobierno toma acciones para solventar el derrame que perjudica a más de 300 familias, causándoles incluso enfermedades.
Amenaza para los comerciantes
“Yo tengo un puesto de recargas de botellones, los clientes ya me han reclamado porque los chispean con el agua, aparte del repudiable olor. Más bien ya no hay tanta agua porque nosotros mismo hicimos un hueco para que cayera, sino estuviese la calle inundada”, explicó María Francia, quien afirmó que las ventas han disminuido mucho, lo significa que el problema es también una amenaza para todos los negocios que se encuentran en la zona.
Deivi Pabrita, dueño de un restaurante que se ubica cerca de la zona perjudicada dijo que las ventas bajaron alrededor de un 70 % en comparación a la temporada antes del surgimiento del problema.
Miriam de León, quien tiene más de cincuenta años viviendo en el sector, resaltó que el derrame de aguas blancas también afecta la comunidad, y contribuye con el daño a la vialidad, además que es una pérdida importante, porque otras comunidades vecinas sufren la falta de agua.
“Las calles que no estaban muy buenas y con el bote de aguas blancas y negros están quedando intransitables “, aseveró Norlin Nava, otro de los perjudicados.
“Hemos recogido firmas, llevado cartas y nada”, dijo con indignación Omaira Romero, habitante de la calle 70.
Los habitantes del sector Raúl Leoni piden que se les escuche porque el bote de estas aguas solo agrava más el problema vial, dos realidades que terminan en el mismo punto final: perjudicar a quienes habitan la comunidad.
Texto y Fotografía Yorgelis Labarca











