viernes, marzo 13

Apuntes del Cronista: El paso de San José Gregorio Hernández por Maracaibo

Gracias a la gentileza de los profesores Miguel Ángel Campos y Pedro Romero tuve la oportunidad de disponer del contenido de algunas cartas de San José Gregorio Hernández, en las cuales comenta su paso por Maracaibo, poco después de culminar la carrera de Medicina en la Universidad Central de Venezuela (29 de junio de 1888). Esta correspondencia puede consultarse en las Obras completas del santo médico trujillano, publicadas en 1968.

Una vez culminados sus estudios de Medicina, Hernández se dispuso a cumplir la promesa que le hiciera a su señora madre: regresar a Isnotú, para servir al pueblo que le había visto nacer. Las cartas antes referidas narran las vivencias del recién graduado al salir de Caracas y realizar el itinerario hasta llegar a tierras trujillanas: se embarcó en La Guaira con rumbo a Puerto Cabello, para luego ir a Curazao y arribar seguidamente a Maracaibo, desde donde continuaría por vía lacustre hasta La Ceiba y la región andina. El joven médico, a medida que avanzaba en su recorrido, fue intercambiando correspondencia con uno de sus mejores amigos y compañero de estudios, Santos Aníbal Dominici.

El Dr. José Gregorio Hernández desembarcó en Curazao el 21 de agosto de 1888, donde permaneció cuatro días; a Maracaibo llegó el 25 de aquel mes y su estadía se prolongó hasta el 31, según podemos deducir de su relato en cartas fechadas los días 21 y 30 de agosto, así como el 12 de septiembre de 1888. Diez años antes había pasado por Maracaibo con destino a Caracas, a fin de iniciar su formación profesional, siendo un jovencito de tan solo 14 años de edad. A diferencia de este primer contacto que duró un par de días, su regreso a Maracaibo en 1888, abarcó un poco más de tiempo (siete días en total).

Entre el 25 y el 31 de agosto de 1888, el Dr. Hernández fue objeto de las mayores consideraciones y expresiones de afecto por parte de la familia Dagnino Penny, conformada por los esposos Manuel Dagnino y Sara Penny, junto con sus hijos: Eduardo José, Manuel Ángel, Teresa, Ángela, Hortensia y Elisa.

El Dr. Manuel Dagnino, al igual que su hijo Manuel Ángel Dagnino Penny prodigaron al médico trujillano respeto y cariño, sirviéndole de anfitriones y de guías en algunos recorridos que hicieran por Maracaibo. Al respecto, el Dr. Hernández afirmó: “Conservo un sentimiento muy natural de agradecimiento por la amabilidad de todos los Dagnino durante mi venida a Maracaibo”. Estos gestos amigables entre colegas médicos, debió tener relación con las convicciones religiosas compartidas por Manuel Dagnino y José Gregorio Hernández, ambos católicos y partidarios de la Filosofía cristiana.

Movido por la fe recibida de sus padres, san José Gregorio Hernández asistió el domingo 26 de agosto a misa de 10 am; no nos especifica en cuál de las iglesias estuvo, pero encontró que las iglesias de Maracaibo “son muy bonitas y adornadas con mucho gusto; todos oyen misa con mucho recogimiento”.

En compañía del Dr. Manuel Dagnino visitó el Hospital Chiquinquirá y el Anfiteatro. Del hospital dice que está “muy bien atendido, y edificado de un modo enteramente de acuerdo con la ciencia moderna: salas vastas y bien aireadas, muy limpias y con camas y demás muebles en muy buen estado”. Esta institución surgió en 1864 por iniciativa del Dr. Dagnino y suscitó en el Dr. Hernández una opinión favorable en cuanto a su diseño y conducción. En lo que respecta al anfiteatro, creyó que era incómodo para el ejercicio de la docencia, pero al compararlo con el de Caracas menciona que aquel está mejor equipado. Refiere el Dr. Edixon Ochoa Barrientos que este anexo del hospital fue fundado el 1 de enero de 1884 por iniciativa del Dr. Rafael López Baralt, para que sirviera como centro de enseñanza e investigaciones sobre Fisiología, Anatomía, Estudios de Laboratorio, Medicina Legal y Medicina Operatoria. Allí se encontraba un microscopio binocular de Nachet, mucho antes de que el propio José Gregorio Hernández introdujera en Venezuela el microscopio de Zeiss en 1891, tras su regreso de Francia.

También el Dr. Manuel Dagnino se encargó de presentarle al Dr. Hernández a todos los médicos notables de Maracaibo, incluso a sus amigos más cercanos. Manuel Ángel, uno de los hijos de Dagnino -quien también fue médico- le buscaba en el hotel y con gran dedicación paseó con él por la ciudad, en cuyos recorridos “ya sea por verla acompañado o porque realmente fuera así, me pareció muy bonita y adelantada”, comentó agradecido el santo venezolano. Incluso -afirmó- pasearon en coche, “un obsequio de mucho valor en Maracaibo, donde los coches son caros y difíciles de conseguir”.

Estos siete días en Maracaibo fueron una grata experiencia para el Dr. José Gregorio Hernández, tiempo en el que además de relacionarse con distinguidas personalidades de la ciudad, procuró ocuparse en la atención de aquello que para él era prioritario y esencial: Fe y Ciencia, una dualidad perfectamente integrada en la vida del primer santo venezolano.

Por: Dr. Reyber Parra Contreras
Cronista de Maracaibo