
Cuando Adriana Sánchez acudió a una oficina federal de inmigración situada en un centro comercial de Detroit esta primavera, pensaba que se trataba de un control rutinario. Sin embargo, los agentes detuvieron a esta solicitante de asilo venezolana y se la llevaron, mientras su familia se quedaba sin saber cuándo, o si alguna vez, volverían a verla.
Dos meses después, Sánchez fue puesta en libertad bajo fianza de US$25.000, gracias a la ayuda de un pastor de Nueva York que colaboró en la recaudación del dinero. No obstante, volver a casa no sirvió de mucho para que recupere su sensación de seguridad, reseñó Bloomberg.
Ella y su esposo, Pedro Tonito, actualmente pasan gran parte del tiempo dentro de su vivienda alquilada, con las cortinas normalmente cerradas y las puertas bajo llave. El expediente de asilo de la familia, del que depende su posibilidad de permanecer en Estados Unidos, sigue pendiente.
“Si solo se tratara de mí y me deportaran, no pasaría nada. Pero los niños…”, dijo Sánchez, dejando la frase sin terminar. “Quiero una mejor vida para mis hijos”.
La familia Tonito-Sánchez forma parte de los cientos de miles de inmigrantes afectados por una campaña de represión que ha ido mucho más allá de las redadas y operaciones visibles en las calles que caracterizaron los primeros meses del segundo mandato del presidente Donald Trump.
Las detenciones se han multiplicado, ya que las autoridades detienen cada vez con mayor frecuencia a inmigrantes durante las vistas judiciales, en los controles gubernamentales, en los lugares de trabajo, en los aeropuertos y en las paradas de transporte público.
Bloomberg estuve siguiendo a la familia durante más de tres años, documentando su viaje desde México hasta Estados Unidos, donde ahora están luchando por quedarse. Ellos llegaron menos de dos años antes de que Trump volviera al poder, como parte del éxodo de millones de venezolanos que huyeron tras años de agitación económica y política.
La llegada a Estados Unidos fue una pequeña parte de la enorme oleada de solicitantes de asilo que vinieron desde Venezuela, Haití, América Central y otros lugares tras la pandemia. En algunos meses, las llegadas sumaron cientos de miles de personas, sacudieron la política estadounidense y contribuyeron al regreso de Trump a la presidencia.
Por Agencia

