
Todos los involucrados directamente con el doble asesinato en el urbanismo La Gran Villa de Obispos, en el estado Barinas, perdieron: Dos vidas, una deuda que jamás será cancelada, dos niñas traumatizadas por el resto de sus vidas y un exmilitar sin libertad.
La raíz de este desenlace, que generó mucha tensión y una larga y angustiante espera que requirió de un alto jefe policial para su culminación, fue el dinero.
Karla Hernández (39) y Wilfredo Serrano (47), la pareja asesinada a quemarropa en medio de una presunta discusión con Alexander Adonay Rodríguez (43), el gatillero, perdieron sus vidas tras negarse a cancelar los giros de los últimos cuatro meses que adeudaba con quien se convirtió en su ejecutor.
El homicida no solo perdió el dinero que Serrano y Hernández le adeudaba, sino que, desde miércoles, se convirtió en alguien sin libertad, detalla La Noticia de Barinas.
Las más vulnerables de este caso: las dos niñas de la pareja Serrano Hernández, de siete y 13 años, víctimas inocentes de un asesino que no tuvo escrúpulos de mantenerlas como rehén y como supuestos «escudos» para negociar su entrega a las autoridades, después de dar muerte a sangre fría a sus padres.
La confesión
Rodríguez grabó un audio que envió a un compañero de promoción en el cual admite que terminó sacando su pistola cuando su compañero de promoción militar y viejo amigo, Serrano, y su esposa lo golpearon y lo maltrataron frente al apartamento. Los tres bajaron hasta la salida del edificio, donde los ejecutó a ambos con balazos en la cabeza.
«Los quería coaccionar y reducir para que me pagaran si guardaban algún dinero en el apartamento, ya que Wilfredo debía dos préstamos, pero lo que hizo fue «comerse» esa plata y realizar muy malas inversiones», dijo en el audio.
«Wilfredo era mi hermano y siempre lo ayudé con dinero, pero tenía meses que no cancelaba un préstamo de hace un año y otro en el mes de noviembre para que recuperara capital, pero nunca respondió y lo que hacía era esconderse, mientras su esposa (Karla) se burlaba de mí cuando lo llamaba», señaló el exmilitar, quien también confesó que pensó en propinarse un balazo en la cabeza y «acabar así la historia».
Mientras Rodríguez grababa el audio a través de su teléfono móvil, afuera del apartamento un grupo de fiscales del Ministerio Público y jefes de varios organismos policiales, entre ellos, Douglas Rico, director general de la Policía científica, intentaban persuadirlo para que se entregara y dejara en libertad a las dos niñas que mantuvo como rehén con el fin de negociar y garantizar su integridad física.
Tras casi 12 horas de negociaciones, el homicida y captor depuso su arma y se sometió a las autoridades.
Por: Redacción Sucesos / Foto: Cortesía

