miércoles, marzo 11

Testigo de la catástrofe en San Francisco: Pensé que habían tirado una bomba

Mervin Parra es un habitante del barrio Corazón de Mi Patria que barría a las 9.37 de la mañana cuando una onda expansiva lo tumbó al piso con todo y escoba. “Pensé que había tirado una bomba”. Su siguiente pensamiento lo trasladó a la casa de su hija que vive a unas tres cuadras más arriba y un poco más cerca de la fábrica de Fuegos Artificiales y Juegos Pirotécnicos Gallo Verde, donde tuvo origen una explosión cuyas consecuencias, humanas y materiales, aún no son contabilizados por completo.

Parra corrió a la casa de su hija para saber de ella y de su nieta. Cuando llegó encontró a su yerno tratando de sacar a la muchacha debajo de la puerta del cuarto, la cual salió de su marco tumbando a la joven al joven y a la niña, quienes querían huir despavoridas de la habitación por el ruido de la explosión

Ambo hombres, sacaron a la joven madre y a la niña rápidamente porque tenía miedo de que algo peor pasara, debido a que el vidrio de la ventana del cuarto matrimonial también estalló por la explosión, al tiempo que la vivienda, de cabilla, ladrillo y cemento, empezó a asomar grietas en sus paredes y techo. Igualmente, en el otro extremo de la casa, un área donde funciona un negocio, la Santamaría se hundió, sus pliegos se dirigieron hacia el interior de la habitación por la fuerza de la detonación.

Por suerte la hija de Parra solo sufrió un hematoma en el hombro izquierdo, mientras que la nieta resultó ilesa y con un susto. “Ellas está en la casa y ya tomó algo para calmar el dolor”.

Área cercana

Los barrios afectados fueron los aledaños a la fábrica de fuegos artificiales y juegos pirotécnicos Gallo Verde, ubicada en la calle 155 son dos: Ezequiel Zamora y la Comunidad Unidad, Lucha y Batalla, parroquia Marcial Hernández.

En la segunda barriada la imagen era repetitiva. Las casas, tanto de zinc como de concreto, estaban destruidas, dejando a sus habitantes damnificados.

Son 88 casas que presentan daños totales. Las calles del barrio eran un enredo de cables eléctricos venidos a tierra, cercas de alambre y palo caídas y muchas cajas de fuegos artificiales humedecidos por los bomberos que aún a la 1.00 del mediodía intentaban desactivar con agua los juegos pirotécnicos que aún estallaban porque su pólvora seguía activa.

En el sitio los dueños de las viviendas intentaban salvar lo poco que no resultó afectado por la detonación como: ropa, colchones y artículos electrónicos. Llaman a familiares y parientes para buscar refugio porque las autoridades de seguridad prohibieron la pernocta en el sitio.

“A mi hija, Adriana Reyes, y a su hijo de ocho, el techo se le vino encima, pero ella como pudo tomó al niño y corrió hasta una esquina de la casa antes que la placa se viniera abajo y se logró salvar”, contó Emperatriz Escalante una de las damnificadas, quien agregó que recibió la llamada cuando estaba en su negocio, ubicado en el centro de Maracaibo. “Fue un milagro que mi hija y mis nietos se salvaran. Lo material se recupera”.

Escalante indicó que no tienen donde pasar la noche o resguardar los pocos “corotos” que logró de salvar dentro de la maraña de escombros que ahora es su casa.

Respuesta inmediata

Luis Caldera, gobernador del estado Zulia, informó hasta lo momentos contabilizan 23 heridos que fueron trasladados a centros asistenciales en tanto públicos como privados, donde fueron atendidos por orden del gobierno regional.

Al sitio llegaron efectivos de los cuerpos de Bomberos de San Francisco, ubicados a pocos del epicentro de la explosión; de Maracaibo, Santa Rita y los Bomberos Aeronáuticos, todos con sus respectivos carros de combate contra incendio y apoyados por los choferes de cisterna de agua que entraban y salían. Además de Protección Civil Zulia y del área metropolitana, así como los cuerpos de Policía del estado, Polimaracaibo, Polisur, la PNB y la GNB.

Algo que destacaron los afectados es que la respuesta de partes de los cuerpos de seguridad y rescate fue de minutos. También resaltaron la protección a los damnificados, quienes fueron víctima de delincuentes que pretendían hurtar los enseres que sobrevivieron al estallido.

Texto y fotos: José Manuel Sánchez