Derogar no es reformar: Cuando el castigo cambia de forma, pero no desaparece
La reforma parcial de la Ley contra el Odio en Venezuela se ha vendido como un gesto de apertura democrática en esta etapa de transición. Se eliminan las penas de prisión de hasta 20 años, se cambia el nombre de la norma y se incorpora una disposición que afirma proteger la actividad periodística, la libertad de expresión y la opinión política.
A primera vista, podría parecer un avance. Pero, y esto es un gran pero, las consecuencias prácticas nos señalan que no estamos ante una ampliación de libertades, sino frente a una reingeniería de los mecanismos de control.
La pregunta de fondo sigue siendo la misma: ¿qué ocurre cuando una ley cuestionada por su uso político mantiene intacta su capacidad de castigar?
Del encarcelamiento a la asfixia económica
Durante años, la Ley Contra ...

