Cibeles se vistió de fiesta y Madrid estalló en un abrazo por el título mundial
El asfalto todavía quemaba cuando la fuente de Cibeles empezó a latir como un corazón colectivo. Entre la multitud, el calor se combatía con botellas de agua que pasaban de mano en mano y con abrazos entre desconocidos que se habían visto por primera vez hacía cinco minutos.
Carmen García sostenía una bandera desgastada por el tiempo y no se molestaba en secarse las lágrimas: "Se la dedico a mi marido, que ya no está, pero que me enseñó a querer esto como se quiere a una persona". A su lado, Javier Molina, de 24 años, lo resumía golpeando un tambor improvisado: "Da igual de dónde vengas o qué hayas vivido. Aquí todos gritamos igual".
A las siete de la tarde el sol seguía alto, castigando sin piedad a quienes llevaban horas de pie, y aun así nadie se movía de su sitio. Miles de bander...

