miércoles, septiembre 9

Recuperan el manglar rojo de La Sabana

En la población de La Sabana, ubicada en la parroquia Caruao del estado La Guaira, se ubica una franja o “parche” de mangle que sirve como transición ecológica entre el río y el mar Caribe, la cual está atravesando un proceso de degradación que requiere su recuperación.

A diferencia de las grandes extensiones de manglares ubicadas en otras zonas de Venezuela, este microecosistema costero está conformado por un pequeño grupo o fragmento de bosque de manglar que crece de manera aislada en una zona reducida de la desembocadura del río La Sabana o también conocido como La Boca, detalla Últimas Noticias.

Este parche de mangle rojo (Rhizophora mangle) forma una pequeña laguna estuarina en las playas La Virginia y La Boca del pueblo de La Sabana. Este microecosistema pasa “por una severa degradación ecológica caracterizada por hipersalinidad y anoxia (o falta de oxígeno), lo que pone en riesgo este vital ecosistema costero”, indicó la bióloga Mayra García.

García, quien es miembro del equipo de Biodiversidad del proyecto “Nuestras Costas, Nuestro Futuro”, que adelanta la Universidad Metropolitana, las organizaciones Vitalis AC y la Fundación Potabilis, en Caruao, explica que “el poblado La Sabana posee el único parche de manglar que hay en el estado La Guaira y necesita ser recuperado”.

Según la bióloga, “este proceso de degradación ecológica es producto de la interrupción del flujo natural de agua dulce debido a la desviación de cauces, deforestación e intervención antrópica en la cuenca, combinada con el estancamiento hídrico provocado por la sedimentación, el taponamiento de la boca marina y la compactación del suelo por la presencia de vehículos todo terreno”.

Explicó que “la falta de renovación hídrica eleva la evaporación y agota el oxígeno disuelto en los sedimentos, lo que ha provocado la asfixia de las raíces del mangle”.

Considera que es indispensable un plan de restauración ecológica, donde se haga la reconexión hidrológica, control del tránsito recreativo y el saneamiento ambiental, “para garantizar la recuperación y resiliencia de los manglares en la comunidad de La Sabana”.

García señala que el proceso de restauración debe enfocarse en la reforestación mixta. Este sería un proceso que combina la siembra directa de propágulos o estructuras de una planta, hongo o bacteria que den lugar a un nuevo individuo idéntico, y que sean recolectados localmente, aprovechando la capacidad de enraizamiento natural del mangle rojo.

Otra vía es el establecimiento de viveros comunitarios para el cultivo y aclimatación de plántulas de mangle, “lo que garantizará la obtención de un mangle más robusto y con mayor tasa de supervivencia para luego ser trasplantado en los sectores más afectados por la hipersalinidad y la degradación del suelo”, afirmó la bióloga.

Funciones del mangle

La doctora Mayra García explica que los manglares son escudos naturales costeros contra los desastres y cuyas raíces son capaces de frenar la fuerza del oleaje, evitando así la erosión de la costa.

Según estudios realizados por los científicos, los manglares son una barrera de protección contra el impacto de huracanes, tormentas y el aumento del nivel del mar.

“Pueden almacenar hasta cuatro veces más carbono que los bosques terrestres, ayudando a frenar el cambio climático; filtran sedimentos contaminantes que bajan de los ríos y funcionan como guarderías donde peces, moluscos y crustáceos nacen y crecen protegidos de depredadores”, acota la bióloga.

Además, los manglares son refugio y cría de especies marinas, por cuanto sus raíces entrelazadas, ofrecen seguridad y alimento a peces, camarones, cangrejos y moluscos jóvenes antes de que viajen al mar abierto.

Se ha comprobado que los manglares retienen sedimentos, basura y sustancias tóxicas provenientes de la tierra, purificando el agua antes de que llegue a los arrecifes y al mar.

Formación

El equipo de biodiversidad del proyecto “Nuestras Costas, Nuestro Futuro” plantea que una de las acciones a tomar, además de la parte biológica, es la formación y capacitación de las comunidades de las zonas, para que sean protectores del espacio natural.

Zoila Martínez, líder de Gestión de Biodiversidad de Vitalis A.C., considera que debe convertirse a los actores locales en investigadores y protectores permanentes del territorio, “porque consideramos que cuando el vecino, el pescador o el posadero comprende una situación de riesgo y aplica una solución inmediata, logramos una gobernanza ambiental real y sostenible“.

Por: Agencias / Foto: Cortesía