lunes, abril 13

Monseñor Azuaje en misa de la Misericordia: La paz es un don, no negociación

La jornada de Jesús de la Misericordia terminó este segundo domingo de Pascua con la santa eucaristía en el santuario a cielo abierto armado especialmente para este día. Además de la multitud que acompañó la procesión, también hubo fieles que esperaron la imagen en el lugar.

El arribo del Redentor estuvo marcado por el encuentro de su Santa Madre en la advocación de la Virgen Reconciliadora de todos los Pueblos de Betania, que viajó desde el estado Miranda para acompañar todas las actividades previas al domingo de la Misericordia y celebrar los 50 años de su aparición.

La misa estuvo presidida por monseñor José Luis Azuaje, arzobispo de Maracaibo, quien dedicó parte de su homilía a recordar el significado de la paz de Cristo, el perdón, la misión que Él encomienda, sanación y el perdón que otorga.

“Él (Jesucristo) está aquí en el medio de nuestra comunidad para pasar a darnos la paz. Una paz que no es efímera o una negociación de un rato, sino que es un don que vive en nosotros y que nos hace personas realmente confiables y confiadas para decir todo aquello que creemos en nuestra vida. ¿Por qué? Porque tenemos la fuerza del Espíritu Santo en nosotros y para decir que muchas veces, aunque dudamos tanto, el Señor siempre saldrá en nuestro camino para reanimar la fe que cada uno de nosotros tenemos”, dijo Azuaje.

El máximo clérigo de la ciudad, parado en medio de la tarima, recordó que para Jesús Misericordioso no hay límite material, humano o de cualquier otra índole que le impida llegar a donde Él quiera llegar.

“No hay límite para Él. Cuando nosotros nos ponemos tanto límite para encontrarnos con los hermanos que muchas veces a lo mejor nos hicieron daño, o a lo mejor tienen algún problema con nosotros, y siempre ponemos límite, y siempre ponemos razonamiento”, dijo monseñor a los presentes en la misa.

El arzobispo de Maracaibo recordó que a veces hay una tendencia a recriminar al apóstol Tomás por incredulidad al saber la noticia de la resurrección de Jesús; sin embargo, el sacerdote recordó que la duda puede ser beneficiosa.

“El texto bíblico no nos dice que Tomás metió el dedo en la llaga o que metió su mano en el costado, no, sino que creyó: ‘Señor mío y Dios mío’. Inmediatamente creyó; no necesitó objetivar ese hecho. Tomás, al no creer, lo que quería era una visualización del Señor persona a persona, lo cual implica que nuestra fe no es algo abstracto, nuestra fe es de persona a persona, del Señor Jesús como persona y uno como persona, pero siempre creyendo en su palabra”, explicó.

Finalmente, Azuaje señaló que el Misericordioso nos envió también a sanar, a curar, a perdonar y por eso pidió a los fieles que llevaran eso a sus hogares, instituciones y al trabajo.

“Si tenemos caídas, porque somos humanos, si tenemos deficiencias y muchas veces nos desalentamos, el Señor estará siempre para que nos diga: ‘Mañana es otro día muy bonito y más bonito y ahí estaré como lo estoy hoy presente contigo’”, acotó.

Por: José Manuel Sánchez / Foto: