
Monseñor José Luis Azuaje, arzobispo de Maracaibo, llamó a la feligresía católica que asistió a la eucaristía por la Bajada de Nuestra Señora del Rosarios de Chiquinquirá a construir país sin rivalidades y rencillas.
«Esa misma alegría es la que nos da esta tarde el que la Virgen Chinita salga de su casa a esta plazoleta para mostrar el amor de Dios como madre de un pueblo que la ama. Pero no debe ser una alegría general, que no debe ser una alegría neutral que expira al salir de esta plazoleta, sino que debe ser la alegría de encontrarnos todos como hermanos, como compañeros de un mismo camino en la igualdad que nos da el bautismo, en la deuda que tenemos para generar una cultura delincuente que va más allá de las posiciones ideológicas, políticas, religiosas o culturales que a lo mejor legítimamente podamos tener«, indicó este sábado el clérigo de la capital zuliana.
Azuaje, quien en primera instancia ofreció excusas por retirarse antes debido a que sale de un cuadro de COVID-19, recordó a la asamblea que desde el momento de la concepción las personas cuentan con una «dignidad inalienable» por ser humanos y ser criaturas de Dios que da la fuerza de seguir luchando para construir un país donde todos tengan algo que decir, algo que aportar.
«Construir sin rivalidades y rencillas estériles que no nos permiten avanzar en la construcción de un desarrollo humano integral, la fraternidad y la amistad social como nos recuerda el Papa Francisco. María es la madre de todos, así la reconoce nuestra gaita Mariana. Bajo su manto maternal no hay exclusiones, ella cobija a gente de toda lengua, cultura, condición, pensamiento y posiciones divergentes«, agresó en su homilía.
Señaló que María cómo madre de la iglesia enseña la verdadera fraternidad, aquella que nace de tener un mismo Padre y de caminar juntos bajo una misma guía espiritual. Aseguró que venerar a la Virgen María, a nuestra querida Chinita, como lo hacemos ahora, saca del egoísmo y recuerda que todos «somos hijos suyos y por tanto hermanos en Cristo«.
«Zacarías profetiza una imagen desconcertante pero muy hermosa. Dice que Jerusalén será habitada como aldea abierta a causa de la multitud de hombres y de ganado en medio de ella. Que imagen tan bella y significativa para la situación que vivimos como pueblo actualmente. La imagen donde ya no hay murallas que separan y donde la fuerza y la seguridad no vienen por las barreras que construimos para defender cada posición, sino por la necesidad de construir fuentes de encuentro donde todos no necesitemos y seamos útiles«, señaló Azuaje.

En la homilía, el arzobispo de Maracaibo destacó que de María se puede aprender esta actitud, pues en ella Dios «obró maravillas sin la fuerza ni la soberbia del mundo, sino desde la pequeñez de los pobres espíritus. Ella es la criatura que no confió en murallas de autosuficiencia, sino que dejó que la gracia y el fuego del Espíritu Santo la envolvieran«.
«Ante la tarea que tenemos por delante en nuestra patria, María nos enseña a silenciar nuestro rigorismo, a confiar y a dejar obrar al Dios de la historia en cada uno de nosotros«, dijo el sacerdote.
Azuaje acotó que en todo este proceso de reconstrucción de la patria, todos el mundo es necesario. Pidió que ojalá «tomemos la decisión de sacar lo mejor de nosotros mismos«, lo que tantos zulianos en el pasado y también en el presente han forjaron y forjan para construir un caminar con identidad propia.
«Así sus hijos y sus nietos les agradecerán a ustedes y a quienes estamos presentes en esta bajada por dejarles su victoria con valores, por responsabilidad social y espiritual, donde hoy podemos estar aquí reunidos como una sola familia, donde todos asumamos lo que tenemos que hacer mancomunadamente y poder decir lo que nos ha enseñado Jesús en el Evangelio de Lucas. (…) ¡Que viva la Chinita!».
Por: José Manuel Sánchez / Fotos: Lizaura Noriega

