
La imagen de una reina de belleza suele asociarse con el brillo de las pasarelas y la perfección estética, pero en el caso de Valeria Di Martino, la realidad trasciende el lente de las cámaras. En su reciente encuentro con los medios zulianos, previo a su preparación para irse a Japón para representar al país en el Miss International, la joven no solo proyectó elegancia, sino una profunda madurez forjada en los pasillos de la facultad de medicina y en el trabajo de campo en las zonas más vulnerables del Zulia.
Esta sensibilidad hacia lo humano es precisamente el motor que impulsa su más reciente y ambicioso proyecto social: «El latir de Akuwa’ipaa», y que fue presentado este viernes 15 de mayo en el Hotel Inter.
Di Martino contó como surgió la iniciativa que nació de una promesa hecha tras una petición conmovedora de una niña, egresada del colegio José Leonardo Fernández Jayaliyuu, quien solicitó por medio de una carta la ayuda durante su visita el Día de la Resistencia Indígena.

Conmovida por esta realidad, la reina se propuso una meta transformadora, poder recolectar 800 kilogramos de plástico reciclado para fabricar 180 pupitres y así construir aulas ecosostenibles que dignifiquen el espacio de aprendizaje de estos niños.
Durante el encuentro con los periodista el discurso de la zuliana estuvo alejado de las respuestas ensayadas para centrarse en una verdad que le toca las fibras más íntimas, la necesidad de transformar la realidad educativa y ambiental de la Guajira venezolana.
Para Valeria, el certamen es apenas un vehículo, una plataforma para amplificar una voz que estuvo trabajando en silencio desde hace años. Su alianza con la fundación El Zulia Recicla, liderada por Grisel Mercadante, no es un acto publicitario, sino una extensión de su vocación de servicio, que fue inculcada por su madre la doctora Aiskel Machado, indicó que nunca estuvo alejada de la realidad social, ya que desde muy pequeña visita hospitales y es colaboradora de varias fundaciones.

La iniciativa, que busca integrar la educación ambiental con el apoyo directo a las escuelas de la Alta Guajira, demuestra que su verdadera esencia reside en la capacidad de conectar la conciencia ecológica con el desarrollo humano, entendiendo que el futuro de su región depende de la formación integral de sus niños y la preservación de su entorno natural.
Dijo que iniciativa comenzó con la fabricación de pupitres a partir de plástico reciclado, una solución ecológica que ataca un problema inmediato de infraestructura, pero al conocer de cerca la realidad de los estudiantes, en sus reiterados viajes, encontró otras carencias que van mucho más allá de la falta de sillas. La institución enfrenta una crisis de supervivencia, la ausencia de tanques de agua potable y un techo adecuado para poder realizar deportes.
Señaló que debido a las altas temperaturas y la falta de sombra, los niños se ven obligados a realizar sus actividades físicas antes del amanecer, específicamente a las 5:00 de la mañana, para evitar golpes de calor y deshidratación. La falta de sanitarios, la inexistencia de un comedor y la distancia de una hora respecto al centro de salud más cercano crean un entorno de aislamiento geográfico y social.
La modelo mencionó que le preocupa la deserción escolar por la falta de ropa y la inseguridad alimentaria que impiden que los niños puedan llegar a sus aulas.
Para la representante de Venezuela, este proyecto es una oportunidad de transformar la plataforma del certamen en un altavoz para quienes son olvidados. Su labor no busca solo la caridad, sino la visibilización de un sistema que requiere intervención estructural inmediata para garantizar el derecho fundamental a la educación en condiciones dignas.
Vocación de servicio
La faceta humana no es una construcción para las cámaras, sino una extensión de una vocación de servicio que nació mucho antes de que su nombre resonara en los certámenes internacionales, durante el encuentro su profesora del colegio recordó con admiración cómo, durante las crisis provocadas por los deslaves, Valeria se negó a ser una figura decorativa que solo enviaba ayuda desde la distancia.
En lugar de optar por la comodidad, decidió caminar sobre el barro y enfrentar la realidad de las zonas afectadas. Fue en esos momentos de vulnerabilidad donde su sensibilidad quedó al descubierto; la frustración al sentir que las toneladas de alimentos recolectadas no eran suficientes para calmar el hambre de los damnificados no fue una debilidad, sino más bien que midió la empatía genuina que la impulsó a transformar el dolor ajeno en una acción concreta y persistente.

Lo que extraña de Maracaibo
Al ser consultada sobre lo que más extraña de Maracaibo, indicó que muchas cosas, aunque una de las peticiones que pidió a la organización Miss Venezuela es poder estar el fin de semana en la ciudad y pasar los domingos en familia, para ir al cementerio, honrar la memoria de su bisabuelo y su abuelita, y en la alegría compartida al jugar con sus primos pequeños, o cuidar de sus plantas, reveló que la grandeza no reside en el lujo, sino en la capacidad de conectar con lo cotidiano y lo esencial.
Para lograr este objetivo, la activista movilizó a su comunidad a través de la fundación @_fundavida «el latir de Akuwa´ipaa». Habilitó un canal de recaudación en la plataforma GoFundMe, cuyo acceso directo se encuentra en la biografía de la cuenta de Instagram de la fundación. También indicó que los que deseen pueden escribirle a través de sus redes sociales para cualquier donación de ropa en buen estado y hasta mensajes de aliento que son recibidos con los brazos abiertos.

Por Lizaura Noriega

