
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro buscaron capitalizar este lunes el Día de la Independencia de Brasil a menos de un mes de la primera vuelta de las elecciones presidenciales del 4 de octubre.
El dirigente progresista, en busca de su cuarto mandato no consecutivo a sus 80 años, encabezó por la mañana el tradicional desfile cívico-militar en Brasilia para celebrar los 204 años de independencia de la Corona portuguesa.
El primogénito del exmandatario Jair Bolsonaro reunió por la tarde a unos 28.500 seguidores en la Avenida Paulista de São Paulo, donde vinculó a Lula con el juez Alexandre de Moraes, que condujo el juicio que llevó a su padre a prisión por golpismo y ahora afronta un escándalo por su cercanía con un banquero encarcelado.
A 27 días de los comicios, la carrera presidencial sigue altamente polarizada entre ambos. Un nuevo sondeo de la firma Quaest divulgado este lunes mostró a Lula con siete puntos de ventaja sobre el senador de cara a la primera vuelta, aunque los dos aparecen numéricamente empatados en una eventual segunda vuelta.
Lula exalta la soberanía
Aunque no dio ningún discurso, Lula lideró un desfile patrio que giró en torno a varias de sus banderas electorales, como la soberanía nacional y el combate a la violencia contra las mujeres.
«Soberanía, la fuerza que une a Brasil» fue el lema que encabezó la presentación de las tropas en medio de las tensiones con los Estados Unidos de Donald Trump.
El jefe de Estado sí habló la noche del domingo en un pronunciamiento retransmitido en radio y televisión, en el que defendió la autonomía de Brasil para tomar sus decisiones.
«Ningún gobernante extranjero tiene derecho a decirnos a quién podemos comprar y a quién podemos vender», expresó, en alusión a los aranceles impuestos por EEUU sobre buena parte de los productos brasileños.
El desfile de hoy, sin embargo, dejó una imagen potente de unión, con Lula posando con la banda presidencial junto a los presidentes de la Cámara de Diputados y el Senado, Hugo Motta y Davi Alcolumbre, y el jefe del Supremo, Luiz Edson Fachin, en un momento de turbulencias por la crisis abierta en el alto tribunal.
El Supremo vive una guerra interna sin precedentes con graves acusaciones entre dos de sus jueces.
El escándalo pivota alrededor de unos comprometedores mensajes entre Daniel Vorcaro, antiguo dueño del Banco Master y actualmente en prisión preventiva por un fraude millonario en el sistema financiero, y el juez Alexandre de Moraes.
La Policía sostiene que Vorcaro pidió protección al magistrado e incluso le consultó por escrito, días antes de ser arrestado, si debía abandonar el país.
Además, De Moraes revisó un contrato millonario de prestación de servicios entre el despacho de abogados de su esposa, Viviane Barci de Moraes, y el Banco Master, según los autos desclasificados por el también juez del Supremo André Mendonça, encargado del caso.
De Moraes pidió a su vez investigar a Mendonça por presuntas irregularidades en la conducción de la investigación, generando un terremoto inédito en Brasilia.
Flávio asocia a Lula con el juez De Moraes
La crisis en el Supremo fue el eje principal de la protesta de Flávio Bolsonaro en São Paulo, en la que se pudieron observar banderas de Brasil, de EEUU e de Israel, y hasta un muñeco hinchable de Trump sujetando a un Lula vestido de presidiario.
«¡Primeramente, fuera Lula, fuera Moraes!», exclamó el senador al iniciar su discurso, en lo alto de un tráiler adaptado, ante unos 28.500 simpatizantes, según estimaciones de la Universidad de São Paulo.
Flávio prometió «acabar con ese consorcio de Lula con De Moraes» y «rescatar la credibilidad» de la Justicia ante las sospechas que pesan sobre el juez, a quien tildó de «naranja podrida» y acusó de imponer «una dictadura».
«Necesitamos proteger el Supremo», subrayó.
Flávio elogió también a su padre, actualmente inhabilitado, condenado a 27 años de cárcel y en prisión domiciliaria por liderar una trama golpista tras perder las elecciones de 2022.
Así, recordó la puñalada que sufrió Jair Bolsonaro en la campaña de 2018 y el proceso por golpismo, que su hijo definió como una «segunda puñalada» y una «farsa» montada, en su opinión, para sacarlo del tablero político.
Alertó, además, de una «tercera puñalada» que, según él, van a intentar asestarle a él y a sus aliados, sin ofrecer más detalles.
Por: EFE

