sábado, marzo 14

Jorge Vílchez: Donde hay servidor de María está la Chinita

A juicio del presidente emérito de la Sociedad de los Servidores de María, Jorge Vílchez, la bajada de Nuestra del Rosario de Chiquinquirá indudablemente implica un acercamiento de esta figura divina a su p venera para escuchar sus ruegos, acciones de gracias, y sus solicitudes.

“Es un motivo también de cercanía. Por ahí hay una gaita que dice que cuando la Virgen baja, el cielo baja con ella, y se rompe como ese, vamos a llamarlo celofán, de tener que subir al nicho para venerarla. Entonces la tenemos a la mano, muy cerca de nosotros, y la Sociedad, por supuesto, se llena de gozo, de alegría, de esperanza por este acontecimiento”, indicó Vílchez a Foco Informativo en la ceremonia de la Bajada.

Este servidor, testigo de las bajadas en la que monseñor Roberto Lückert León era el párroco a cargo del otrora templo de San Juan Dios, cree que, a causa de la situación migratoria de los venezolanos, hoy en día la veneración a la Dama del Saladillo pudiera ser la advocación marina más difundida en el mundo, gracias al gentilicio marabino y sus hermanos servidores.

“Yo creo que, si no es la devoción mariana más difundida, estamos muy cercanos a hacerlo, porque donde hay un maracucho, donde hay un servidor de María, hay un chiquinquireño en o chinita en. Y eso ha hecho que la devoción y veneración de María de Chiquinquirá crezca a nivel mundial e internacional», destacó.

Vílchez considera que el papel de los hombres de blanco que sirven y cargan la Reina Morena evoluciona con el tiempo, comentando que, en las primeras bajadas, los servidores debían subir en una escalera rudimentaria y pasar la Santa Reliquia manualmente entre ellos para bajarla de su nicho.

“Cuando llegamos a Lückert, en el año 72, ya trae la idea de un tobogán. En aquel momento era mucho más pequeño que el que estamos usando, la Virgen llegaba al altar mayor, y de allí se trasladaba al mesón y trono para salir a su proyección”, rememoró el presidente emérito de la Sociedad Servidores de María.

Por: José Manuel Sánchez / Fotos: Lizaura Noriega