
Los dos primeros santos nativos de Venezuela son una realidad, luego que el papa León XVI oficializara en la mañana de este domingo la canonización de San José Gregorio Hernández y Santa Carmen Rendiles, en un acto desde el Vaticano; por lo que la ocasión es propicia para que los venezolanos celebren y agradezcan a Dios desde distintas partes del país.
Uno de los focos de atención está puesto en el estado Trujillo, en la pequeña población de Isnotú, lugar de nacimiento del ‘Médico de los Pobres’, donde confluyen personas de distintas partes del país para agradecer a San José Gregorio Hernández su intercesión con Dios para curar un sin números de patologías que en muchos casos pudieron terminar con el deceso del paciente.
El poblado, ubicado a 17 kilómetros de Valera, una de las ciudades de la entidad andina, está lleno de feligreses que desean asistir a la eucaristía en el Santuario del Patrón de la salud, la ciencia, la educación y la paz por lo que Foco Informativo conversó con varias personas para saber, quiénes son, dónde proceden y qué milagro los llevó hasta allá.
Un milagro marcado en la piel
En el santuario de Isnotú, no muy lejos de la figura de José Gregorio Hernández, estaba la señora Isabel González, quien acudió desde Lara para agradecer al santo en vísperas de su canonización por cicatrizar una serie de heridas en la piel originadas por una diabetes que la dejaron aislada del mundo.
“Yo soy diabética debido a un embarazo de alto riesgo”, expresó la mujer, quien agregó que el único varón, de seis hijos que tiene, de nombre José Gregorio, desde hace dos años presenta problemas para respirar. “Dicen los médicos que esa angustia me provocó una lesión en la pierna debido a la diabetes alta. Me broté toda”.
La mancha de la pierna se extendió por otras partes de su cuerpo. “Ya no era la preocupación de mi hijo, era la preocupación mía no poder salir de la casa”. Hace seis obtuvo una imagen del Santo Médico de metro y medio a la cual construyó una gruta. «Mañana tarde me arrodillo a pedirle, ya no por mí, ya no por mí, porque creo que he vivido y viviré lo que Dios quiera que yo viva. Quiero la salud para mi hijo, porque todavía no he conseguido la solución».

González, mientras pedía por su hijo, vio cómo las heridas de su piel sanaban. Aunque pidió no mostrar su rostró, si dejó ver a este medio su pierna, brazos, senos, espaldas ennegrecidas, para dar fe de su milagro. “Todo esto estaba podrido. Mira, esto está sellado. Lo que no pudo la ciencia hizo Dios y José Gregorio Hernández”.
La mujer aseguró que sigue viva gracias a su fe. “Hoy vengo aquí con tantos deseos de que, a través de la intercesión de José Gregorio Hernández con Dios Todopoderoso y que pase su mano poderosa, sanadora, por el diafragma, por el estómago, por su cuerpo de mi hijo”.
Milagro a la vista
La tierra del Sol Amada no podía faltar en esta celebración litúrgica con motivo de la canonización del Dr. José Gregorio Hernández. A través de la voz de Rosaura Martínez, de La Limpia, conocimos como esta sexagenaria no perdió la vista a causa de un desprendimiento de retina en el ojo derecho ocasionado por un aumento en la tensión.

“Yo hace dos años sufrí una tensión muy alta. Me llegó a 350 la tensión y confié tanto a mi Dios, José Gregorio Hernández, así como a Santa Lucía, y le prometí que, si yo volvía a ver de mi vista, vendría aquí”, contó Martínez, quien añadió que la operaron dos veces del ojo.
La dama llegó ayer sábado a las 5.00 de la mañana a Isnotú para agradecer al novel santo venezolano. “Aquí estoy, después de dos años, yo veo y vine a pagarle mi promesa al doctor José Gregorio Hernández. Estoy muy agradecida y feliz porque ya yo veo”.
Sanación renal
Mili Salcedo, de Santa Ana, estado Táchira, viajó a Isnotú también para agradecer a José Gregorio Hernández su propia sanación, pues hace nueve años estuvo a punto de ser dializada por presentar insuficiencia renal, pero no lo fue gracias a Dios y el Dr. José Gregorio Hernández, quienes obraron para que recuperara la salud.
“A mí me iban a dializar de los riñones y pedí tanto a Dios como a José Gregorio, con tanta devoción que cuando entramos a la diálisis el nefrólogo me dijo me pregunto: ‘¿Por qué está aquí?’ yo le respondí que tenía una insuficiencia renal. El doctor me respondió: ‘yo no tengo que dializarla’”, contó Salcedo a este medio digital.

Recordó que fue el mismo especialista quien atribuyó su repentina mejoría a la fe de la paciente, pues ciertamente sus exámenes indicaban parecían indicar que ciertamente necesitaba la diálisis.
“El doctor me dijo: ‘es la fe suya la que la tiene aquí’. Yo le pedí mucho al doctor José Gregorio Hernández, además lo vi en el momento que iba a pasar a diálisis y lloré. Ahora no tengo nada en mis riñones”, contó la feligresa, quien añadió que luego de ese episodio solo tuvo que hacerse unas pruebas médicas que salieron bien. “Fue un milagro”.
Con las manos elevadas al cielo
Tras más de 75 años, José Gregorio Hernández hoy por fin es santo ante la Iglesia a la cual sirvió con su obra, pero para los ojos de muchos como González, Martínez y Salcedo, este galeno que vivió la primera parte del siglo X, ya era santo, pues reafirmó el mandato de Dios de atender al enfermo y al necesitado aún después de partir de este plano terrenal.
Bien sea por su obra como científico y como un hijo más de Dios que servía abnegadamente a su causa, José Gregorio Hernández es venerado por sus compatriotas y ahora por todo el mundo al ser finalmente un santo de la Iglesia universal.
Por: José Manuel Sánchez / Fotos: Lizaura Noriega

