
La Fundación Buena Nueva otorgó la Orden Monseñor Romero, en su Única Clase, a la doctora Cecilia Bernardoni, señalada ampliamente como el «Ángel de los Inocentes».
Este galardón fue entregado en una ceremonia especial realizada en las instalaciones de la Fundación Innocens, ubicada en el Hospital Universitario de Maracaibo (HUM), destacando su trayectoria de casi cuatro décadas dedicada al cuidado y bienestar de niños afectados por el VIH-Sida.
El director de la Fundación Buena Nueva, Elvi Monzán, indicó a Foco Informativo que la distinción fue otorgada debido a que la doctora Bernardoni reúne los valores que humanizan al mundo, habiendo entregado su vida a la causa de los niños con VIH-Sida, a quienes ella misma denominó las víctimas inocentes.

«Es una persona que desde hace casi 40 años ha entregado su vida a la causa de los niños con VIH-Sida que muy bien ella los nombró las víctimas inocentes. La doctora Cecilia comenzó con este trabajo en tiempos donde había mucho más estigma, donde nadie quería ni siquiera tocar a un niño con SIDA. Y la doctora Cecilia ya en ese tiempo los abrazaba, les arreglaba los dientes, les buscaba la leche, les buscaba los pañales. De ese nivel asistencial luego pasaron, gracias a los avances médicos, a la prevención del contagio del VIH-Sida vertical de la madre al hijo. Y ya van más de 1.200 niños», dijo.
Monzan indicó que el impacto de la Fundación Innocens se mide en la prevención efectiva de la transmisión del VIH de madres a hijos, logrando que niños nazcan y crezcan libres del virus, además de brindar atención integral a quienes ya viven con la condición y realizar una labor educativa constante en escuelas e iglesias para reducir el estigma y promover la salud.
«Nosotros consideramos que los reconocimientos hay que hacerlos en vida. No hay que esperar que la persona fallezca, que esté en el cielo, para reconocerle su extraordinaria labor. Y nosotros estamos convencidos que la doctora Cecilia es una santa, en el sentido estricto de la palabra. Una mujer que se ha santificado en la entrega, en la ternura. Y para nosotros es un claro testimonio que debe ser reconocido y por eso le otorgamos esa orden», mencionó.
Durante la ceremonia, la doctora Bernardoni expresó su profunda humildad ante el galardón, señalando que su trabajo es el resultado de un esfuerzo colectivo y recordando el impacto emocional que marcó el inicio de su misión: La pérdida de un niño víctima del VIH, cuya memoria impulsó su determinación de luchar contra la enfermedad.

La doctora Bernardoni destacó que el reconocimiento es un honor inesperado que dedica a su equipo de trabajo y a la memoria de los niños que han sido víctimas de maltrato, reseñando que su compromiso con esta causa nació de una experiencia personal dolorosa que la llevó a prometer que trabajaría incansablemente para evitar que otros menores sufrieran situaciones similares.
«Le doy cada día a nuestro señor porque estoy recibiendo cosas que no merezco, porque todo es con el equipo de trabajo que uno ha podido seguir adelante. Hoy, con Elvis Monzán, recordando que el primer niño que tuvimos, él venía a cantarle todas las tardes y a tocar.
Él vivió eso conmigo. Y fue cuando empezó, cuando el niño falleció, tuve que llevarlo yo, nadie lo tocaba. Fue la razón de esto, del maltrato tan horroroso, muy fuerte, yo lo llevé a la morgue, a la funeraria, y ahí dije, mi hijo, te prometemos que vamos a hacer algo por usted y todavía, el maltrato, de eso continúa», recordó Bernardoni.
A través del programa de Innocens, iniciado en 1996 en la Maternidad Castillo Plaza, la doctora liderizó un protocolo integral que incluye el tratamiento antirretroviral durante el embarazo, la programación de cesáreas en la semana 38 y la sustitución de la lactancia materna por fórmulas lácteas para evitar el contagio del virus al recién nacido.
Como resultado de este esfuerzo sostenido, la doctora Bernardoni logró asegurar que casi 1.800 niños hayan nacido sanos y libres del virus, gracias a un seguimiento estricto que incluye la provisión de insumos básicos como leche, pañales y ropa durante los primeros seis meses de vida de los bebé.
Además de la atención clínica, la labor se extiende a la educación preventiva en instituciones escolares, buscando sensibilizar a la juventud sobre los riesgos y medidas de protección frente a esa situación.

Por Lizaura Noriega

