Mientras en la Basílica de la Chinita se agitan las banderas para dar inicio a la Gran Peregrinación Nacional, decretada por el gobierno, el Zulia vuelve a ser el escenario de las grandes promesas. Delsy Rodríguez anuncia la incorporación de tecnología de Siemens y General Electric para intentar, una vez más, estabilizar el sistema eléctrico; también aseguró, con un tono de cercanía, que ella “no duerme” cuando la luz se va de noche en nuestra región. Sin embargo, en Maracaibo, donde el calor carboniza la piel y la paciencia, recibimos estas palabras con más sospechas que alivio.
Hay que decir las cosas claras. Que el Ejecutivo busque a los alemanes de Siemens y a los estadounidenses de General Electric es reconocer, por fin, que no pueden arreglar el desastre ellos solos. Durante años, improvisaron remiendos en plantas que requerían precisión quirúrgica. Regresar hoy a Siemens y General Electric es un paso lógico, pero se ejecuta con un retraso que solo puede calificarse de criminal.
Las cifras que manejan los analistas exponen la magnitud de la negligencia. La crisis eléctrica le cuesta al país entre 15 mil y 40 mil millones de dólares. Pero la verdadera tragedia no reside en las hojas de cálculo, sino en el costo humano que el Estado ignora sistemáticamente. No existe billetera que repare el sufrimiento de un anciano asfixiado por el calor o de un niño que no puede descansar. Nadie repone la nevera quemada ni el aire acondicionado destruido de una familia que ahorró años en adquirirlos.
Los expertos no mienten: este colapso no tiene una solución mágica de un día para otro. Advierten que la recuperación real del sistema eléctrico nacional exigirá más de una década de inversión transparente y trabajo riguroso. Por ello, mientras “la tecnología de punta” satura los titulares oficiales, la realidad en las barriadas zulianas sigue siendo cruda y humillante.
Las autoridades regionales insisten en recorrer las calles entregando transformadores y luminarias como trofeos de cualquier competencia. Es la política del espectáculo, entregan los equipos, posan para la foto y se marchan, olvidando que el posta de la esquina es solo el síntoma de una enfermedad mucho más profunda. Entregar el transformador sin resolver la crisis de generación eléctrica es un acto de cinismo puro; es como poner un neumático a un vehículo sin motor.
Traer equipos de última generación es apenas el inicio de la tarea. La pregunta que se evade es: ¿quién operará esas máquinas La crisis económica y política expulsó a los ingenieros más brillantes y al personal técnico calificado. Sin ese capital humano, los equipos terminarán arrumados, convertidos en monumentos de hierro y cables.
La solución real demanda menos retórica política y más ingeniería de alto nivel. El ingreso de estas grandes transnacionales podría representar el fin de nuestra oscuridad, pero solo si se deja tratar el suministro eléctrico como un favor y se comienza a ver como un derecho fundamental. El Zulia ya no tolera más “paños calientes” ni promesas que no se cumplen.
Mientras la Gran Peregrinación se aleja de la Basílica y las cámaras se apagan, el zuliano exige que su fe no sea defraudada una vez más.
Al final de la jornada, entre la pirotecnia de las fotos oficiales y el ruido de los generadores privados, este pueblo solo reclama una cosa: que la Chinita nos libre de la oscuridad y que, de una vez por todas, se haga la luz permanente. No queremos gestos de cercanía fingida, queremos el interruptor funcionando y la dignidad restituida.
Por: Ángel Montiel / @angelmontielp / angelmontielp@gmail.com

