domingo, marzo 15

El Día del Gaitero conmemora la voz inmortal de Ricardo Aguirre

Un trágico accidente, en la calle 8 de Maracaibo, apagó la voz de Ricardo Aguirre el 8 de noviembre de 1969, cuando apenas tenía 30 años de edad, pero su espíritu sigue vivo en los corazones de cada zuliano. Catorce años después, el entonces gobernador del estado, Humberto Fernández Auvert (1982 – 1984), promulgó un decreto que declaró oficialmente el 8 de noviembre como Día del Gaitero en memoria de uno de los exponentes más potentes y comprometidos de la gaita zuliana.

La Grey zuliana, considerada “el himno del gaitero”, inmortalizó a Ricardo Aguirre, una de las voces más potentes de la gaita, bautizado como el Monumental.

“El Monumental”, como lo bautizó el abogado y locutor Octavio Urdaneta, tuvo una vida corta, pero magistral.  “La voz de Ricardo no ha podido ser superada”, confesó en una entrevista el compositor Eurípides Romero, amigo de versos y parrandas. Y para muchos, Aguirre, 48 años después de su muerte, sigue siendo el gaitero más importante del país. El entrañable cantautor fue declarado Patrimonio Cultural de Venezuela en 2014.

Nació enmantillado

Ricardo José Aguirre González nació el 9 de mayo de 1939 en el barrio El Empedrao de Maracaibo. Ida Cira González, su madre, lo trajo al mundo a las 6:00 a. m., con la ayuda de una comadrona. “Nació en mi casa. Vino enmantillado”, reveló hace algunos años. “Una noble misión venía a cumplir en el mundo”, agregó Ida Cira en un intento por entender la muerte trágica y repentina de su hijo, el cuarto de su matrimonio con Luisángel Aguirre.

El adjetivo enmantillado se utiliza para referirse a una persona a la cual se le atribuye buena suerte, buena fortuna,  y el calificativo fue aceptado por la Real Academia Española de la Lengua como una expresión propia de Venezuela.

En  efecto, Ricardo es recordado como un maestro normalista que se entregó a la gaita sin poses, ni divismos. En la dinastía Aguirre lo recuerdan sencillo, carismático, culto, colaborador, alegre y dueño de un vozarrón sin parangón en la historia de la gaita zuliana.

Sus abuelas Hermelinda González y Dolores Aguirre cantaban valses, tangos y boleros. El abuelo paterno, Pancho Landaeta, cantaba en retretas. Y todos los tíos eran cuatristas. Parecía estar predestinado a ser músico.

El abogado Octavio Urdaneta siempre consideró a Aguirre como la figura más destacada del género, y alabó el carácter excepcional de su talento: el timbre de voz y la mezcla de los bajos con los agudos siempre le pareció magistral. “Era, en síntesis, un monumento de hombre, un artista”, lo describió Urdaneta para el libro Ricardo Aguirre, El Monumental, escrito por Miguel Ordóñez.

Como buen hijo de gaiteros, Ricardo Aguirre unió su vida a la de la joven gaitera Teresita Suárez. Se casaron en agosto de 1962 y fueron los padres de Ricardo, Yaneth, Jorge y Gisela Aguirre Suárez.

Empezó como maestro

Ricardo Aguirre fue maestro antes de convertirse en la voz de la gaita. En 1958, aún bajo la dictadura de Pérez Jiménez, obtuvo el grado de Maestro de Educación Primaria en la Escuela Normal Nacional Gervacio Rubio, en Rubio (estado Táchira) cuando tenía  19 años.  Impartió clases en la escuela Monseñor Francisco A. Granadillo a la vez que se desempeñaba como locutor en la emisora radial La Voz de la Fe. También llegó a trabajar como dependiente en una farmacia y como pintor.

En Rubio aprendió a tocar la guitarra y el piano, además de otros instrumentos y allí comenzó a gestarse su amor por el género de la gaita zuliana. De esta forma, comienza a formar parte de grupos gaiteros que actuaban en los actos musicales y teatrales del liceo. Empezó por ser director de los grupos de gaita zuliana Los Sabrosos y Santa Canoíta. En 1962 ingresó al conjunto Cardenales junto con sus tres hermanos Alves, Rixio y Renato, luego de la división que sufriera dicha agrupación. Aguirre propuso agregar un complemento al nombre y la sugerencia fue aceptada. A partir de ese momento la agrupación se bautizó con el nombre Los Cardenales del Éxito, que aún conserva.

En 1967, por diferencias entre los integrantes, se marchó al Conjunto Saladillo donde compuso la gaita que lo inmortalizó: La grey zuliana, una gaita de protesta con la que hizo denuncias sobre la situación de Zulia para ese momento y que fue rebautizada como el Himno de la gaita zuliana. Posteriormente regresó al conjunto anterior donde grabó otro álbum e interpretó La vivarachera y Maracaibo marginada.

Con su participación en el género de la gaita contestataria se ganó algunos enemigos, sin embargo, el pueblo zuliano siempre lo apoyó. Un pueblo noble / Y creyente fe reclama / Y entristece la penumbra / En su dolor / Casi se esconde de su sol / Como apenado, por el olvido / En que se encuentra su región (gaita Maracaibo marginada).

Por Agencia