El 23 de enero de 1958 marcó un hito en la historia de Venezuela, con la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez y el inicio de un nuevo capítulo democrático. Sin embargo, 67 años después, la pregunta que persiste es si la democracia venezolana cumplió las expectativas de sus ciudadanos y si se encuentra preparada para enfrentar los desafíos del siglo XXI.
Los primeros años: Un amanecer prometedor
Según el historiador Ángel Lombardi, los primeros años de la democracia venezolana fueron prometedores. «Los tres primeros presidentes de la democracia del 58 en general fueron buenos presidentes». La estabilidad política, el crecimiento económico y las libertades civiles eran características distintivas de este período. Sin embargo, la bonanza petrolera de los años 70 trajo consigo nuevos desafíos. Señala que «vino el despilfarro, vino la corrupción y empezaron, digamos, los males estructurales del país».
El Licenciado en Ciencias Políticas, Livio de los Ríos, complementa esta visión al destacar cómo la abundancia de recursos generó incentivos perversos, como la práctica de pedir préstamos en dólares y sacarlos del país. Esta situación, lejos de impulsar el desarrollo del país, contribuyó a la generación de desigualdades y al debilitamiento de las instituciones. «Hubo un momento que a los sectores empresariales, políticos y funcionarios públicos les daba mucho más dividendo por la situación económica que existía en el país. No todos, pero sí la mayoría, le daban mucho más dividendo pedir préstamos en dólares aquí, sacar esos préstamos, llevárselos para el exterior y de esa manera obtener beneficios sin necesariamente estar produciendo».
El siglo XXI: Nuevos desafíos y polarización
La llegada de Hugo Chávez al poder en 1998 marcó un punto de inflexión en la historia política venezolana. Según De los Ríos, «esa democracia venía tocada en su estructura de fortaleza y va perdiendo paulatinamente con el paso del tiempo unos rasgos, sus rasgos de institucionalidad plena».
Lombardi señala que los últimos 25 años arrancaron democráticamente, pero terminaron en un proyecto totalmente diferente. Esta situación generó un clima de incertidumbre y desconfianza en las instituciones.
La evolución de las expectativas y los desafíos actuales
A medida que pasaron las décadas, las expectativas de los venezolanos evolucionaron significativamente. Como señaló de los Ríos, “la gente que estaba en el 58 tenía unas expectativas y luego nació otra gente, por ejemplo, los que nacimos en el 58, en mi caso, fuimos formados con parte de las expectativas que tenían nuestros padres y las que nosotros mismos no creamos. De allí para acá han venido surgiendo cada 20 años, por lo menos dos generaciones más. Esta observación nos permite comprender la diversidad de demandas y aspiraciones en la sociedad venezolana a lo largo del tiempo”.
De los Ríos, en su análisis, destaca que los que eran adultos en 1958 “sí cubrieron parte de sus expectativas, porque, bueno, el país comenzó a tener un proceso mucho más amplio en la participación política, sobre todo el florecimiento de los diversos. partidos políticos. Más tarde hay un proceso de consolidación de la democracia frente a unas iniciativas guerrilleras, el proceso de educación y transformación social, se va dando y hay una consolidación de lo que es la actividad urbana frente a la actividad rural. Allí hay una debilidad, además se mejora lo del petróleo porque cae en manos de nosotros de los venezolanos que después de estar en manos de los extranjeros por consecuencia hay una serie de condiciones que van favoreciendo”. Esta perspectiva permite apreciar los avances logrados en las primeras décadas de la democracia, como la ampliación de la participación política y el desarrollo de la sociedad civil.
De los Ríos señala además que, “pero luego hay cambios en el manejo, digamos, de la administración pública y que eso tiene repercusiones indiscutiblemente también en el sector privado, donde estos actores influyen y cambian. Esta observación nos recuerda que los cambios en las políticas públicas y en la gestión del Estado generan un impacto significativo en las expectativas de los ciudadanos y en la evolución de la democracia venezolana». Es decir, las expectativas de las generaciones posteriores evolucionaron.
El politólogo expresó que las nuevas generaciones, que no vivieron de manera directa la lucha por la democracia y la consolidación del sistema político, tienen demandas y prioridades diferentes. Mientras que las generaciones fundadoras se centraron en consolidar la democracia y mejorar las condiciones de vida básicas, las generaciones más jóvenes exigen mayor participación en la toma de decisiones, oportunidades de desarrollo personal y una sociedad más justa y equitativa.
Esta evolución de las expectativas se ve influenciada por diversos factores, entre los que destacan la globalización, el avance tecnológico y la crisis económica. Esto generó nuevas aspiraciones y demandas sociales, que no siempre encuentran una respuesta adecuada en las instituciones existentes.
¿Qué futuro le espera a la democracia venezolana?
Lombardi enfatizó la importancia de la responsabilidad individual «cada venezolano adulto debe asumir su responsabilidad. O sea, que entendamos que la riqueza es producto del trabajo de cada persona, de cada familia, que controlemos la corrupción, porque la corrupción realmente es un cáncer para el país». Considera que este tema debe ser erradicado y que la ciudadanía debe ser más vigilante en la elección de sus representantes.
Además, el historiador sugiere evitar la reelección de gobiernos que no demuestran resultados positivos. «Es necesario que aprendamos a evitar la reelección de gobiernos que no han sido positivos para el país. Yo creo que, si nosotros aprendemos esa lección, garantizaremos que en cualquier momento recuperamos plenamente una democracia mucho mejor que la anterior».
De los Ríos destaca la necesidad de un «liderazgo participativo» y de fortalecer las instituciones. «Yo creo que el problema tiene que ver con un liderazgo participativo, donde se pongan de acuerdo en un proyecto de país que verdaderamente se quiera realizar».
Tanto Lombardi como De los Ríos coinciden en que la trayectoria de la democracia venezolana fue marcada por períodos de estabilidad y progreso, pero también por crisis profundas. Aseguran que el futuro de la democracia en el país dependerá de la capacidad de la sociedad venezolana para abordar estos desafíos, fortalecer las instituciones, promover la participación ciudadana y construir un proyecto de país inclusivo.
Por: Nicole Canales / Pasante / Foto: Archivo


