jueves, enero 1

Auristela González: El doctor dijo que estaba muerta, pero entró José Gregorio y a la hora lloré

Desde hace tres décadas, Auristela González, una devota de 63 años proveniente del estado Aragua, viaja fielmente hasta Isnotú, tierra natal del doctor José Gregorio Hernández. Lo hace movida por una razón poderosa: ella asegura ser uno de los tantos milagros del Médico de los Pobres, y su fe la impulsa a dar testimonio de ello.

«Mi madre contaba que fui un milagro del doctor José Gregorio Hernández, porque cuando yo nací, ella duró 19 años buscándome. Entonces, cuando yo nací, le faltaban dos días para los siete meses y pasé incubadora. Y en ese momento, cuando me pasé incubadora, decía mi madre que nací muerta. El doctor dijo, está muerta, la niña está muerta, no hay vida. Entonces los médicos vieron cuando el doctor José Gregorio Hernández entró con su maletín, entró y a la hora lloré yo.

Esa experiencia marcó el inicio de una devoción que ha acompañado a Auristela durante toda su vida. Hoy, mientras Venezuela se prepara para celebrar la canonización del beato, ella vuelve una vez más a Isnotú para agradecer y cumplir promesas.

“Estoy pagando dos promesas —cuenta—. Una por una niña que se quemó la carita y cuando la iban a operar no tenía nada; y otra por un bebé que a su mamá se le pasó el parto, el niño en la barriga se hizo popó, pero que hoy está fuera de peligro gracias a Dios y al doctor José Gregorio Hernández”.

La mujer asegura que su fe no es solo heredada, sino vivida día a día. Para ella, su segundo nombre —Gregorio— es un símbolo de esa conexión espiritual que ha pasado de generación en generación.

Hoy, en las calles de Isnotú, miles de fieles comparten historias similares, donde la fe y la esperanza se entrelazan con los milagros atribuidos al Santo venezolano.

Por: Yorgelis Labarca / Foto: Lizaura Noriega