Fue una gran noticia para unos y decepción para otros. El 10 de abril de este año, el mandatario regional, Luis Caldera, y el alcalde, Gian Carlo Di Martino, anunciaron la intervención de ocho urbanismos en el municipio Maracaibo; pues sí, y ahí nuevamente dejaron por fuera a la urbanización Altos del Sol Amada.
Voy a comenzar recordándole la dirección, aun cuando importantes miembros de sus gabinetes viven en este lugar y conocen de cerca el caos de todos los servicios públicos y el terrible deterioro de este joven urbanismo que apenas alcanza 25 años.
Para aquellos jefes de gobierno interesados en atender las reales necesidades de los habitantes del conjunto residencial, les recordamos que está ubicado en la parroquia Francisco Eugenio Bustamante del municipio Maracaibo. Fue construido por el expresidente Hugo Chávez mediante el Plan Bolívar 2000, y es precisamente desde ese tiempo que este urbanismo no ha logrado una intervención integral, real y efectiva para atender los múltiples problemas que enfrentan ante la indiferencia gubernamental de todos los gobernadores y alcaldes que han pasado por la administración municipal y regional, incluyendo tanto a la oposición como al oficialismo.
Hoy recojo la voz de todos los habitantes para hacer un llamado de atención y a la vez denunciar la crisis estructural y el colapso absoluto de los servicios públicos que se padecen desde que este complejo habitacional entró en ejecución.
La comunidad organizada señala que ninguna gestión municipal o regional ha ejecutado una obra de envergadura en la zona, lo que sumerge a miles de familias en un escenario de precariedad extrema y olvido gubernamental.
Este urbanismo es un río de aguas residuales que, con la llegada de las lluvias y la conexión con el CICPC y la Morgue, convierten las calles en manantiales sobre el escaso asfalto que aún queda, por lo menos en las avenidas principales. Los grandes huecos son señalados con troncos de árboles para evitar que los vehículos caigan y las consecuencias sean peores.
La crisis del agua potable es otra de las calamidades, con un ciclo de suministro que supera los 22 y 25 días de espera. Se distribuye además de forma desigual: mientras en una etapa tienen agua durante 5 o 6 días, otros debemos esperar la suerte de un solo día, lo que deja a varias zonas del sector en una sequía permanente.
Asimismo, reportamos el caos en el servicio de gas doméstico; la proliferación de establecimientos comerciales merma la presión en la red durante las horas importantes (desde las 11:00 a. m. hasta la 1:00 p. m.), y de igual manera sucede en horas de la tarde.
Esta misma expansión comercial desordenada se ha adueñado de las veredas peatonales, obligando a los ciudadanos a caminar entre un asfalto destruido, escombros, brocales colapsados y lagunas de aguas residuales.
En plena capital petrolera, la ausencia de rutas fijas de aseo urbano ha obligado a los vecinos a depender de carretilleros particulares para deshacerse de los desechos sólidos. Es totalmente inadmisible que, para un urbanismo tan grande, el servicio de recolección de basura se cumpla un solo día a la semana.
El deterioro también arropa a la infraestructura social, espiritual y deportiva de la comunidad. La iglesia local se anega por completo con las lluvias, su cerca perimetral se cae a pedazos y los feligreses deben realizar colectas para intentar repararla mientras lidian con los azotes de la delincuencia.
Niños, jóvenes y adultos mayores no tienen una cancha en condiciones para realizar actividades deportivas y recreativas; la única que existe está en completa ruina. El único espacio medianamente funcional es la plaza Los Faroles, la cual fue recuperada en parte por la gestión del exalcalde Rafael Ramírez y hoy día es mantenida gracias al esfuerzo de los propios habitantes.
El estadio se encuentra en total abandono, sin cercado, con las gradas fracturadas, sin techos ni luminarias. Son los propios padres y miembros de pequeñas ligas quienes hacen milagros para que sus pequeños puedan realizar sus prácticas de béisbol y disfrutar de ese espacio, lo que anula cualquier opción de sano esparcimiento para quienes habitamos este urbanismo.
Ante esta realidad, solicitamos formalmente a la Gobernación del Zulia y a la Alcaldía de Maracaibo la inclusión inmediata de Altos del Sol Amada en los recientes planes de recuperación anunciados para la región, reclamando el derecho constitucional a vivir con dignidad y con servicios públicos aptos para el bienestar de sus habitantes.
Sería muy lamentable que, faltando escasos tres meses para que finalice el año o este periodo de gobierno, pasemos de una Vereda del Lago con una estatua de Lionel Messi, una Bella Vista titilando y la avenida Padilla iluminada, a una urbanización anegada en aguas negras, con calles sin asfalto, el caos de las aguas residuales, una cancha destruida, una feligresía con una iglesia inundada y enmontada. Se dijo.
Por: Silvia Barboza / Periodista – CNP 7788

