miércoles, septiembre 30

Investigación AP: avisos se ignoraron y torres costeras de Venezuela afrontaban sismos inasumibles

Los científicos habían advertido al gobierno que no construyera a lo largo de la franja costera venezolana de La Guaira.

Las comunidades caribeñas junto al mar en esa zona, cerca de Caracas, estaban cerca de una importante falla y de una cordillera que había desatado repetidos desastres naturales destructivos. El suelo era malo, un tipo de limo que solo amplificaría la sacudida en un terremoto.

Al ignorar el consejo, el gobierno levantó exactamente el tipo de edificios equivocado para ese lugar: altos complejos de apartamentos de concreto.

Todo era una receta para la destrucción, según una investigación de The Associated Press basada en entrevistas con decenas de ingenieros, sismólogos y exfuncionarios del gobierno.

La gente de La Guaira nunca tuvo oportunidad el 24 de junio, cuando potentes sismos consecutivos sacudieron la zona.

Carlos Valdés, jefe del departamento de sismología del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México, afirmó que estaban “retando a la naturaleza” cuando los funcionarios del gobierno decidieron construir allí.

Los sismos mataron a más de 6.500 personas y dejaron a más de 17.000 sin hogar. El gobierno de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, ha hecho poco para apaciguar la rabia de quienes sobrevivieron a los sismos en los tres meses transcurridos desde aquella noche de junio, y no ha abordado por qué colapsaron tantos edificios y murieron tantas personas.

La respuesta, de hecho, se remonta a 2010 y a decisiones tomadas después de que deslaves y fuertes lluvias desplazaran a más de 100.000 personas en todo el país, dijeron a AP expertos y exfuncionarios del gobierno.

Fue entonces cuando el gobierno venezolano se apresuró a aliviar una crisis humanitaria construyendo decenas de apartamentos en la franja de tierra flanqueada por aguas cristalinas del mar Caribe al norte y montañas frondosas al sur.

El entorno era idílico. La tierra debajo no lo era.

Una zona propensa a desastres naturales y terremotos

Cuando Venezuela fue sacudida por los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5, al menos 14 torres de apartamentos en La Guaira se desplomaron casi al mismo tiempo, aplastando un piso sobre otro y atrapando a cientos de personas dentro. Se produjeron incendios cuando explotaron tanques de gas. La gente gritaba pidiendo ayuda. Pocos sobrevivieron. Se recuperaron cuerpos de lo que antes eran dormitorios, escaleras, pasillos y cocinas. Muchos fueron hallados abrazados.

La zona, en el norte de Venezuela, no es ajena a los desastres naturales.

Un terremoto mortal de magnitud 6,6 golpeó el área en 1967, lo que impulsó, entre otras acciones, el diseño de lineamientos de construcción sismorresistente y la creación de la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas, equivalente al Servicio Geológico de Estados Unidos. Al igual que los terremotos de junio, destruyó edificios en la parroquia Caraballeda de La Guaira y en la capital de Venezuela, Caracas.

Pero ningún desastre había devastado La Guaira como las inundaciones y deslaves que mataron a decenas de miles de personas en 1999. Tras la tragedia, el gobierno del presidente Hugo Chávez eligió al ingeniero y entonces ministro de Ciencia Carlos Genatios para encabezar un plan de reconstrucción.

Su equipo trabajó con expertos locales e internacionales para desarrollar un programa de mitigación de riesgos para el estado, que incluía restricciones de uso del suelo a lo largo de la franja costera principalmente para reducir los peligros asociados a las lluvias y, en menor medida, a los terremotos, contó Genatios a AP en una entrevista.

“Hay zonas, terrenos, que no se debían usar porque posiblemente haya inundaciones ahí a la hora de una crecida muy grande, y entonces allí tú pones estructuras muy livianas o parques, canchas, cosas así que no produzcan un mayor daño y que no haya muertos especialmente”, expresó Genatios.

Genatios indicó que los científicos advirtieron a los funcionarios que el historial de deslaves e inundaciones de la zona incrementaría los riesgos que plantean los terremotos. Eso se debe a que cualquier edificio se construiría sobre el suelo suelto y pedregoso depositado allí durante siglos por inundaciones y deslaves.

La zona también estaba cerca de la importante falla de San Sebastián, que corre frente a la costa y pasa justo por debajo del estado La Guaira.

El gobierno desestimó los peligros. En 2011, por instrucción de Chávez, inició un enorme impulso para ampliar la vivienda pública y ayudar a las personas desplazadas por lluvias torrenciales que provocaron inundaciones y deslaves mortales a finales de 2010. El gobierno había reubicado a los desplazados —muchos de ellos simpatizantes del movimiento socialista, como lo describía Chávez— en escuelas públicas, edificios gubernamentales, instalaciones militares e incluso el palacio presidencial.

Al gobierno le faltaba suficiente tierra para construir sus proyectos, lo que llevó a expropiaciones y a que el propio Chávez alentara a los venezolanos a ayudar al estado a elaborar una lista de terrenos abandonados. A medida que se levantaban edificios, organizaciones gremiales y de vigilancia expresaron inquietudes sobre el cumplimiento de los proyectos con las normas de construcción, incluidos los requisitos de diseño sismorresistente, y sobre la calidad de los materiales utilizados, como el cemento y el acero.

El auge de los complejos de apartamentos

Se construyeron torres de vivienda que recordaban a los rascacielos prefabricados de la era comunista de Alemania Oriental en Caraballeda como parte del programa Gran Misión Vivienda Venezuela. Cada torre pasó a conocerse como una “O-P-P”, una versión abreviada de “O-P-P-P-E”, el acrónimo en español de la oficina que Chávez encargó de ejecutar el programa. Todas menos cuatro de las 43 torres levantadas en el estado La Guaira estaban en Caraballeda.

Un boletín estatal publicó una foto de una de las torres con un pie de foto que proclamaba que el OPPPE 30 “alza orgulloso su figura como un símbolo de justicia revolucionaria”.

Las personas a quienes se les asignaron apartamentos en Caraballeda estaban encantadas cuando por fin recibieron las llaves. Muchas habían vivido con familiares o en refugios tras ser desplazadas por las lluvias torrenciales de 2010. Adultos y niños por fin tenían dormitorios propios. Los baños venían con puertas. La playa quedaba a pocos minutos a pie.

Sin embargo, notaron problemas justo después de mudarse: el servicio de agua potable era prácticamente inexistente; los ascensores dejaron de funcionar; y los ductos de basura se convirtieron en criaderos de ratas y cucarachas.

Y desconocían los riesgos durante un terremoto. Los complejos de apartamentos de entre 10 y 20 pisos podían terminar oscilando exactamente al mismo ritmo que las ondas sísmicas, en un fenómeno conocido como resonancia. Esa sincronización hace que el edificio se balancee más y durante más tiempo, lo que ejerce presión adicional sobre las columnas e incrementa la probabilidad de daños y colapso, señalaron expertos.

Se desconoce si los contratistas del gobierno siguieron los códigos de construcción de Venezuela. También se desconoce si los funcionarios realizaron estudios de suelo antes de que comenzara la construcción, o si esos estudios fueron ignorados. El gobierno no ha hecho públicos los planos, los estudios de suelo, los registros de inspección ni la “memoria descriptiva”, un documento que debería incluir especificaciones de ingeniería y arquitectura.

Francisco “Farruco” Sesto, quien encabezó la oficina responsable de la misión de vivienda de Chávez, no respondió a una solicitud de entrevista de AP.

Menos de dos semanas después de los terremotos, le dijo a un influencer vinculado al gobierno que el terreno elegido para los proyectos de vivienda pública fue sometido a estudios de suelo. No mostró pruebas que respaldaran esa afirmación, pero sí rechazó las críticas posteriores al terremoto, al sostener que forman parte de una “campaña insidiosa y maliciosa” contra la misión de vivienda, y aparentemente intentó trasladar la responsabilidad al sector privado.

“Lo que quiero recordar es que la inmensa mayoría de las viviendas hechas por el estado en realidad están hechas también por el sector privado”, dijo Sesto. “El estado es el gran, digamos, el gran como organizador… ¿Quién hace los estudios de suelo? Fundamentalmente, empresas especializadas que son privadas”.

Los ingenieros temían el potente golpe que asestaron los sismos de junio

Los venezolanos quedaron impactados al ver los edificios colapsados junto al mar. Los científicos también quedaron devastados, pero no sorprendidos. Los terremotos no sólo fueron potentes. Asestaron el tipo de golpe que más temen los ingenieros: un pulso cercano a la falla.

“Fue prácticamente instantáneo (…) muy, muy, muy violento, muy rápido”, relató el geólogo Michael Schmitz, de la Universidad Central de Venezuela, quien antes estuvo vinculado al organismo de monitoreo sísmico del país.

Schmitz explicó que, cuando la falla se desplazó, la energía sísmica se acumuló en el frente de la ruptura a medida que avanzaba hacia el este, lo que produjo “un golpe muy fuerte en su base”. Ese pulso, añadió, “le quitó la pata en seco sin que el edificio pudiera diseminar la energía, para lo que está normalmente diseñado”.

En contraste, los edificios del lado opuesto de la cordillera, en Caracas, que también tienen amplificación por sedimentos, resistieron los terremotos porque pudieron oscilar para disipar la energía.

Un estudio reveló que el sismo fue particularmente devastador

Eduardo Miranda, profesor de ingeniería civil y ambiental en la Universidad de Stanford, y un equipo de investigadores visitaron Venezuela días después del sismo para ver si podían determinar por qué los terremotos habían sido tan devastadores.

Sin instrumentos locales ni datos para determinar la intensidad del sacudimiento, Miranda y su equipo de científicos recurrieron al análisis de video captado por dos cámaras de seguridad cerca de una bolera en Caraballeda, la comunidad más afectada de La Guaira. Las imágenes son dramáticas: en menos de un segundo, ocho edificios colapsan simultáneamente.

Al seguir cuidadosamente el movimiento escena a escena, el equipo pudo reconstruir cómo el terremoto produjo el movimiento observado en cámara, según un artículo elaborado por el equipo de Miranda y compartido con AP.

Ese análisis reveló uno de los mayores movimientos del suelo jamás documentados en el mundo y ha aportado la única información cuantitativa sobre el movimiento del suelo del sismo cerca de la ruptura. Miranda dijo que habría sido difícil que estructuras que cumplieran normas de seguridad en Japón, que tiene algunos de los códigos de construcción más estrictos, hubieran sobrevivido a lo ocurrido el 24 de junio.

El artículo, que está en revisión por pares para su publicación en The Seismic Record, la revista en línea de la Sociedad Sismológica de Estados Unidos, determinó que los edificios en Caraballeda fueron empujados tan lejos en una dirección durante tanto tiempo que alcanzaron sus puntos de ruptura, explicó Miranda.

“La razón número uno del gran impacto en La Guaira es definitivamente cuán fuerte fue el movimiento del suelo”, dijo Miranda en una entrevista. “Por lo general, los colapsos son el resultado de varios factores, pero ese es un factor principal abrumador de los problemas que había allí”.

Miranda aún no ha compartido los resultados del estudio con el gobierno venezolano, pero su equipo ha puesto a los funcionarios al tanto del análisis.

“Está claro que necesitan elevar el nivel de diseño”, sostuvo.

Los expertos temen que el gobierno vuelva a cometer los mismos errores

El poliestireno encontrado entre los escombros llevó a muchos residentes a acusar al gobierno de usar materiales de calidad inferior para reducir costos. Sus acusaciones también se basaron en tramas de corrupción bien documentados en los que funcionarios y contratistas colaboraban para sobrefacturar al estado, usar materiales más baratos de los reportados y quedarse con la diferencia.

El gobierno no ha proporcionado información sobre análisis forenses en el sitio que, según expertos, son cruciales para determinar causas y responsabilidades, pero sus labores de limpieza —incluida la demolición con explosivos de edificios dañados— están en marcha, al igual que un esfuerzo de reconstrucción.

El gobierno ha estimado que más de 17.000 personas fueron desplazadas por los terremotos. Miles de ellas han vivido desde entonces en refugios, campamentos o aceras cerca de sus antiguas viviendas. A algunas se les han asignado hogares en edificios de vivienda pública en Caracas. Sin embargo, el gobierno también ha prometido reconstruir La Guaira y anunció semanas después del terremoto que ya había localizado terrenos en ese estado donde la construcción podría comenzar pronto.

Los expertos dijeron que esperan que el gobierno venezolano no repita simplemente los errores de hace 15 años y, en cambio, adopte un enfoque cuidadoso y reflexivo en sus esfuerzos de reconstrucción. También señalaron que el trabajo adicional de diseño y construcción necesario para levantar edificios altos capaces de resistir terremotos en la región probablemente disuadirá al Estado y a algunos inversionistas privados de desarrollar ciertas áreas.

“Aquí la pregunta es ¿a que costo?”, planteó Valdés. “Yo lo preguntaría de otra manera: Cuánto cuesta una vida?”.

Por: Agencia