
La magia de la naturaleza se desnuda en Venezuela y seduce a la ciencia mundial. A más de mil metros sobre el nivel del mar, incrustado en el corazón del macizo del Capanaparo-Erebato, en el estado Amazonas, reposa uno de los grandes enigmas geológicos e hidrológicos de Venezuela y del mundo: el Paraka-Wachö, como lo conocen milenariamente las comunidades indígenas originarias del pueblo Mapoyo, conocido por nosotros como Lago Leopoldo.
Este cuerpo de agua ha despertado todo tipo de teorías, algunas un tanto extrañas, desde su creación por el impacto de un antiguo meteorito hasta mitos sobre cuevas sin fondo y criaturas desconocidas; cuando la ciencia investiga, la realidad resulta ser infinitamente más fascinante que la ficción.
Es cuando la ciencia aparece, decide escalar barrancos y adentrarse en estas aguas oscuras de la Formación Roraima; consigue extraordinarias y hermosas explicaciones mejores que cualquier mito.
Ya los pueblos nativos lo conocían como Paraka-Wachö, conviviendo con él y respetando su hábitat. No fue sino hasta las décadas 40 y 50, aviadores comerciales aseguraban haber visto desde el aire una «piscina azul perfecta incrustada en la roca», lo que disparó durante años la leyenda de que albergaba el choque de una aeronave desaparecida o riquezas mineras incalculables; entrando en la cartografía y en la prensa internacional en marzo de 1953.
Desmitificando historias
Comencemos: desde el punto de vista limnológico (rama que estudia el ecosistema acuático) y geológico, el Lago Leopoldo no es un cráter meteórico ni un volcán extinto. La explicación científica detrás de su formación apunta a un proceso tectónico y erosivo de escala milenaria conocido como karst en areniscas (o pseudokarst).
A diferencia de los sistemas kársticos tradicionales, donde el agua diluye la roca caliza, en los tepúyeses venezolanos el agua disuelve el cemento de cuarzo que une los granos de arenisca a lo largo de fracturas geológicas preexistentes. Con el paso de millones de años, las cavernas subterráneas colapsan, dando lugar a gigantescas dolinas, que no es más que un pozo en forma de embudo que nace cuando el agua de lluvia deshace rocas solubles.

Lo que hace que nazca un lago sumido en un abismo de piedra.
Aguas oligotróficas y vida en condiciones extremas
Lo que hace verdaderamente extraordinario al Lago Leopoldo para la comunidad científica no es solo su increíble origen, sino su aislamiento biogeográfico absoluto, y es que es un ecosistema ultraoligotrófico: sus aguas son extremadamente ácidas y pobres en nutrientes, alimentadas casi exclusivamente por la precipitación directa y la escorrentía de las paredes de arenisca.
A su vez, son un refugio de biodiversidad endémica que, al estar completamente desconectado de sistemas fluviales abiertos mediante imponentes barreras de roca, el lago funciona como una «isla biogeográfica» dentro de otra isla (el tepuy).
Microbiología del Pérmico y Precámbrico: Los microorganismos y especies de fitoplancton o bentos adaptados a este ambiente tan restrictivo ofrecen a los biólogos pistas inestimables sobre los límites metabólicos de la vida y los procesos evolutivos en ambientes primordiales.
Para llegar a su espejo de agua no existen senderos, exige el descenso vertical con cuerdas a través de paredones de arenisca de más de 150 metros. Quienes se han sumergido en sus aguas de color ámbar oscuro relatan un silencio sepulcral y una química acuática tan particular que funciona como un enclave congelado en la dinámica del Escudo Guayanés, lo que hace que muy pocas personas hayan podido expedicionarla.
Trabajo científico
El abordaje científico del lago Leopoldo representa uno de los desafíos logísticos más complejos para la limnología de campo en Sudamérica. Tal como lo documentó la Sociedad Venezolana de Ciencias Naturales en los registros de sus célebres expediciones a la Guayana venezolana, el acceso al espejo de agua es inviable por vías terrestres o fluviales convencionales. Los equipos multidisciplinarios han tenido que ser desplegados en la cumbre de la meseta mediante aviación helicoportada para, posteriormente, instalar sistemas de anclaje de alta resistencia.
A través de estas líneas de vida, exploradores e investigadores, entre ellos el naturalista venezolano Charles Brewer-Carías, ejecutaron ascensos y descensos verticales de más de 150 metros en rápel por las paredes de cuarcita, descendiendo manualmente el instrumental analítico, los botes de hule y los equipos de inmersión bajo un microclima de alta humedad e intensas precipitaciones.
Las inmersiones pioneras realizadas en el foso aportaron las primeras observaciones in situ de la topografía submarina del lago, recopiladas en los boletines históricos de exploración de la Sociedad Venezolana de Ciencias Naturales. Los buzos científicos registraron una extinción lumínica drástica a los pocos metros de profundidad: aunque el agua carece de sedimentos en suspensión, la alta concentración de compuestos fúlvicos (compuestos orgánicos naturales que se forman por la descomposición de la materia vegetal y animal), disueltos, le otorga una tonalidad ámbar oscura que bloquea el paso de la luz solar.

En el lecho acuático, localizado a más de 15 metros de profundidad, la toma de sedimentos permitió identificar una densa capa de limo orgánico y bloques de arenisca colapsados, lo que confirmó las hipótesis geológicas sobre la dinámica de subsidencia interna de esta hermosa formación.
En los estudios sobre la hidroquímica del Escudo Guayanés publicados por investigadoras de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), sobre las aguas continentales de la Guayana, definen al Lago Leopoldo como un sistema ultraoligotrófico y marcadamente ácido, con valores de pH que oscilan entre 4.0 y 4.5, detalla Últimas Noticias.
La arquitectura del abismo actúa además como un escudo contra el viento, generando una marcada estratificación térmica donde la capa superficial tibia no se mezcla con las aguas profundas. Esta dinámica química, con niveles casi nulos de nitrógeno y fósforo, convierte al lago en un laboratorio de estancamiento natural único en la región.
En cuanto a su origen, los trabajos teóricos y taxonómicos sobre las formas pseudo-kársticas del Escudo Guayanés, desarrollados por geólogos como Marc de Civrieux e investigadores del Ministerio del Poder Popular para Ecología y Minería, desmintieron el mito de un impacto meteórico. Las evidencias confirman que el foso es una dolina de colapso por disolución del cemento de sílice en la arenisca. Finalmente, las aproximaciones sobre la biota de la zona, respaldadas por los inventarios botánicos del Herbario Nacional de Venezuela, sugieren que el fitoplancton y la microbiología adaptados a este aislamiento absoluto constituyen un modelo natural invaluable para comprender los límites evolutivos de la vida en ambientes primordiales de la Tierra.
Este hermoso y casi virgen Paraka-Wachö representa una frontera del conocimiento con lo mágico y lo científico; lo nativo con lo mopwoi, que es mucho más que un monumento natural escondido en la geografía nacional; es un archivo geológico viviente de más de mil millones de años, que nos exige protección estricta; recordándonos la urgencia de proteger un patrimonio único que con orgullo es sello venezolano.
Por: Agencias / Foto: Cortesía

