
Mons. José Miguel Gómez Rodríguez, arzobispo de Manizales (Colombia), confía en que la providencia de Dios ayude a la población a seguir adelante, superando las adversidades y brindando atención a los afectados: «Fue un temblor con una violencia muy particular; parecía que fuera a tumbar absolutamente todo lo que estuviera edificado sobre la tierra«.
«La imagen emblemática de todo esto fue la Catedral de Manizales, un símbolo muy importante de esta región del país, de estilo neogótico, que sufrió daños serios. Una de sus torres auxiliares, una de sus torres alternas, se cayó«, relata en entrevista con los medios vaticanos monseñor José Miguel Gómez Rodríguez, arzobispo de Manizales en Colombia, tras el terremoto de magnitud 7,4 ocurrido el pasado 10 de agosto, que provocó la muerte de más de 200 personas y dejó centenares de heridos, según los últimos reportes oficiales.
«Lo vivido con el terremoto fue demasiado impactante. Esta es una zona sísmica y, por lo tanto, no es extraño que de vez en cuando se sientan temblores. Pero este tuvo una violencia muy particular; parecía que fuera a tumbar absolutamente todo lo que estuviera edificado sobre la tierra«, señala el arzobispo Gómez.
Templos afectados por el terremoto
En cuanto a los daños causados, monseñor Gómez Rodríguez señala que en la zona «hubo afectaciones serias en las viviendas«, lo que dejó a muchas personas sin hogar. Sobre los templos y edificios eclesiales, estima que «la mitad resultó con afectaciones serias«.
«En particular —relata el arzobispo—, la imagen emblemática de todo esto fue la Catedral de Manizales, un símbolo muy importante de esta región del país, de estilo neogótico, que sufrió severamente. Una de sus torres auxiliares, una de sus torres alternas, cayó y quedó recostada sobre la estructura principal del templo. Estamos esperando la evaluación de los profesionales porque, por ahora, esa zona está restringida al público e incluso a los sacerdotes«.
Caridad y solidaridad
Inmediatamente después del sismo, la respuesta no se hizo esperar: «La Iglesia activó de inmediato, por medio del Banco de Alimentos, su disponibilidad para el auxilio«.
«Incluso, movidas por un espíritu de caridad y solidaridad cristiana, muchas personas estuvieron dispuestas y atentas para comenzar a ayudar. De hecho, la gente ya acudió al Banco de Alimentos para realizar donaciones de carácter urgente e inmediato«, afirmó.
Las principales necesidades de la población, según señala el arzobispo de Manizales, corresponden a las viviendas de los afectados: algunas personas lo perdieron todo y otras deben esperar a que se evalúen las edificaciones antes de regresar a sus hogares. «El segundo renglón de necesidades es, por supuesto, la alimentación para estos primeros días, porque seguramente va a hacer falta«, indica el arzobispo. Posteriormente, será necesaria «la dotación de enseres para las personas que lo perdieron todo«.
Por: Agencia

