jueves, julio 9

La remoción de escombros tras el doble terremoto, el otro gran reto en Venezuela

El doble terremoto del 24 de junio en Venezuela produjo, según estimaciones de la ONU, 1,2 millones de toneladas de escombros de los cientos de edificios que se desplomaron sobre todo en el estado La Guaira y que ahora son el principal reto: su despeje y remoción para poder empezar la reconstrucción.

Esta cifra se basa en un diagnóstico desarrollado por el Gobierno venezolano junto al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el cual estima que 900.000 toneladas pertenecen a estructuras colapsadas de concreto y acero en La Guaira, mientras que 332.000 toneladas provienen de artículos domésticos y pertenencias personales, reseñó EFE.

EFE hizo un recorrido por la vía que une las poblaciones de Tanaguarena y Naiguatá donde se ven cientos de escombros que ya han sido recogidos y tirados a un lado de la carretera, cerca ya del mar, donde se mezclan restos de concreto, cabillas (las barras de acero que se insertan en el hormigón), ropa, documentos de identidad, muebles de madera, cables, fotos… mientras unos hombres hurgan entre los montones.

Pocas opciones

El ingeniero venezolano José Arreaza dijo, ante este vertido de escombros, que por el momento no hay otra opción porque los camiones que cargan estos materiales no pueden viajar hasta Caracas por tiempo y costos.

«No hay mucho equipo; no puedes agarrar un camión y esperar que haga un viaje ahora y después venga a las tres, cuatro horas», señaló.

Por su parte, el ingeniero Roberto Porciello indicó que un manejo similar de los escombros se hizo en el deslave de 1999 que devastó varias zonas de La Guaira.

Pero el PNUD sostiene que en una gestión de cualquier tipo de desastre de esta magnitud es prioritaria la gestión integral de los escombros, que contempla su clasificación, reciclaje y reutilización cuando sea posible.

Recientemente, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, se reunió con autoridades nacionales e internacionales para coordinar el programa de remoción, entre ellos Elad Edri, alto oficial de las Fuerzas de Defensa de Israel, quien apoya en el asesoramiento sobre el manejo de escombros. Aunque no han trascendido las directrices para la gestión de escombros.

El plan ideal

El director de Sostenibilidad de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), Joaquín Benítez, explicó que cerca del 60 % de los residuos de escombros pueden ser reciclados y constituir un apoyo importante para la reconstrucción.

El Ministerio de Ecosocialismo (Ambiente) informó recientemente de que movilizó una máquina trituradora para procesar los escombros y transformarlos en material agregado para la construcción, pero no hay detalles de dónde está ubicada o si ya está trabajando.

Benítez dijo que a la hora de recoger los escombros se debe revisar la historia y características de cada edificio, porque cada uno tiene un potencial distinto de generación de escombros.

En los bloques residenciales, sostuvo, puede haber vehículos sepultados, con aceite y combustible que contaminan, mientras que en los comerciales puede haber ciertos tipos de químicos.

Después de diferenciar los edificios se debería empezar a recoger escombros y llevarlos rápidamente a lugares de almacenamiento temporal que estén retirados de cursos de agua, alejados del mar, preferiblemente en suelos impermeables donde no se tenga que deforestar.

«Los escombros no son una masa homogénea. Hay allí elementos estructurales, mampostería, metales usados para crear estructuras. Pero también hay enseres, mobiliarios, restos de vehículos, restos de maquinarias, aparatos eléctricos y electrónicos, y eso hay que empezar a separarlo», añadió.

Para el ingeniero Porciello, el reciclaje y reutilización es posible, pero es un trabajo complicado por la magnitud del desastre que vivió el país. Además, advierte que lo reciclado no se debe usar para piezas estructurales de las edificaciones, porque son materiales que sufrieron daños y están debilitados.

En febrero de 2023, un terremoto de magnitud 7,7 sacudió el sur de Turquía y afectó gravemente el noroeste de Siria. Un año después de ese desastre que causó más de 53.000 fallecidos, los escombros todavía cubrían las calles -lo que supone un riesgo para la aparición de cánceres con el asbesto, según denunció entonces la oposición y ONG-, pese a que el Gobierno turco aseguraba que el 90 % de los escombros fueron recogidos.

Por Agencia