
El 10 de junio de 1935 marcó un paso en la historia de la salud pública y el apoyo comunitario, cuando Bill Wilson, un corredor de bolsa, y el Dr. Bob Smith se reunieron en Akron, Ohio, para compartir las experiencias con el alcoholismo. En una época donde la sociedad estigmatizaba el consumo excesivo de alcohol como un vicio moral o una falta de carácter, estos dos hombres descubrieron que el apoyo mutuo y la honestidad eran herramientas poderosas para alcanzar la sobriedad.
Este encuentro fortuito sentó las bases de lo que hoy conocemos como Alcohólicos Anónimos (AA), una organización que transformó la vida de millones de personas al cambiar el paradigma del alcoholismo de un «defecto moral» a una enfermedad tratable.
A lo largo de 91 años, Alcohólicos Anónimos evolucionó hasta convertirse en una red global presente en más de 180 países, consolidándose como un pilar fundamental en la recuperación de adicciones.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció históricamente la eficacia de los grupos de apoyo mutuo, destacando que el modelo de AA es una de las instituciones más seguras y efectivas para mantener la sobriedad a largo plazo. Más allá de la abstinencia, el programa de los «Doce Pasos» ofrece a los individuos un nuevo estilo de vida, permitiéndoles aprender a vivir con plenitud y sobriedad, integrándose nuevamente en sus familias y comunidades.

El doctor Néstor Andrades, psiquiatra y colaborador de Alcohólicos Anónimos (AA) en el estado Zulia, en compañía del Colegio Nacional de Periodistas, señaló que la fase prealcohólica se caracteriza por un aumento peligroso en la tolerancia, lo que erróneamente es visto por el entorno social como una capacidad de «saber beber». Esta percepción distorsionada oculta el hecho de que el alcoholismo es una condición médica grave que satura los sistemas de salud, con un 95 % de las camas hospitalarias ocupadas por accidentes derivados de la imprudencia bajo los efectos del alcohol.
Andrades mencionó que a diferencia de otras organizaciones, Alcohólicos Anónimos opera bajo un modelo de atracción y no de promoción activa; no reparten folletos ni utilizan megáfonos, ya que su labor es un servicio social basado en la voluntad del individuo que busca ayuda por cuenta propia.
El psiquiatra explicó que desde una perspectiva neurobiológica, el consumo excesivo de alcohol impacta directamente en la corteza prefrontal, el área del cerebro responsable de las funciones ejecutivas, la toma de decisiones, el control de impulsos y la regulación emocional. Cuando esta región se ve inhibida o bloqueada por la neurotoxicidad del etanol, el individuo pierde la capacidad de ejercer juicio crítico, lo que explica por qué, ante diversos estímulos ambientales o emocionales, la persona es incapaz de abstenerse, llevando a una conducta compulsiva que anula la voluntad y lo transforma en una versión de sí mismo que no desea ser, resultando posteriormente en el fenómeno conocido como «ratón moral» o culpa post-consumo.
Señaló que cómo los factores socioculturales, como la presión social o las tradiciones por ejemplo los marabinos, actúan como disparadores que interactúan con una vulnerabilidad biológica preexistente .
«El que no bebe no quiere a su mamá o sea esa sociedad tan matriarcal que tenemos nosotros o sea siempre va a haber un motivo para beber para beber el alcohólico y una vez que bebe él se transforma él deja de ser esa persona hoy en día se sabe que es deja de ser esa persona porque el alcohol bloquea la corteza prefrontal que la corteza prefrontal es lo que nos hace humanos es lo que nos permite
razonar es lo que nos permite tomar decisión si se bloquea esa corteza el sistema límbico queda libre la persona se convierte en aquello que no quiere ser y entonces ahí viene después del ratón moral la culpa la vergüenza incluso el suicidio que es más elevado en los pacientes alcohólicos que los no y en los familiares bueno aquella codependencia aquella emociones expresadas o aquel síndrome del
cuidador entonces el alcoholismo arremete contra la familia contra la sociedad contra los accidentes el divorcio la niñez abandonada», dijo
Indicó durante un encuentro con los medios que la clave para abordar esta problemática radica en reconocer que el alcoholismo no es una elección moral, sino una enfermedad que requiere un enfoque clínico y comunitario, donde la prevención debe comenzar antes de la adolescencia, dado que en Latinoamérica el consumo suele iniciarse entre los 12 y 13 años.
Este movimiento, calificado por figuras como San Juan Pablo II como uno de los fenómenos sociales más significativos del siglo XX, continúa salvando vidas diariamente al ofrecer un espacio donde cualquier persona puede levantar la mano y pedir ayuda sin temor a ser juzgada

